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BOSTON – El Fenway Park tiene una gran historia, un atractivo especial y el rancio sabor de la más pura tradición que tanto aman los fanáticos del béisbol. Pero es tiempo de que los Medias Rojas de Boston tengan un nuevo estadio.

Y es durante la postemporada que se hace más evidente que Fenway Park tiene casi un siglo de existencia, y por lo tanto está atrasado, obsoleto y disfuncional respecto a las nuevas instalaciones que pululan en las Ligas Mayores en estos días.

Recuerdo mi primera visita al Fenway Park en 1999, a propósito del Juego de Estrellas. Antes de que pudiera recuperarme del impacto de estar en la misma casa que cobijó a Ted Williams, Roger Clemens y Pedro Martínez, asistí a una rueda de prensa donde se anunciaron los detalles del proyecto de construcción de un nuevo parque para los Medias Rojas.

John Harrington, entonces el Jefe Ejecutivo de los Medias Rojas, anunció que el nuevo Fenway Park sería construido exactamente en los alrededores del actual, cerca de Yawkey Way, la avenida Brookline y la calle Boylston.

El equipo estaba dispuesto a pagar el costo total del parque (350 millones de dólares), que conservaría todos los detalles románticos del actual, pero tendría las comodidades de las nuevas instalaciones y entre 7 y 10 mil asientos extras a los 36 mil de que disponían en su vetusta instalación.

Y el punto más importante: el nuevo Fenway Park tendría más cabinas de lujo (de esas que cuestan de 200 mil dólares hacia arriba por toda la temporada), más espacios para tiendas y restaurantes, un palco de prensa adecuado a la era del internet y la televisión satelital y vestidores de Grandes Ligas.

Pero todos esos planes se quedaron en el tintero, primero por la oposición de algunos grupos que propugnan por mantener el Fenway Park (construido en 1912) por 500 años más, pero más importante, debido a las contradicciones de los políticos locales.

No lograr la aprobación definitiva de un lugar para el nuevo parque fue la principal razón por la que los antiguos propietarios (la Familia Yawkey) vendieron los Medias Rojas al grupo de Tom Werner, John Henry y Larry Lucchino por 660 millones de dólares en el año 2002.

De acuerdo a Harrington, quien manejaba el equipo a nombre de los Yawkey, para poder competir con los Yankees de Nueva York y todos los otros equipos que estaban gastando un chorro de millones en peloteros, Boston necesitaba un nuevo estadio que aumentara las fuentes de ganancias.

En los últimos seis años, los nuevos dueños han hecho un trabajo titánico remodelando el Fenway para tratar de convertirlo en un lugar más cómodo y sobretodo, más rentable. Agregaron cientos de nuevos asientos, fundaron la pintoresca sección encima del “Monstruo Verde”, renovaron el palco de prensa y abrieron nuevas tiendas de comida y nuevos baños.

Pero la realidad es que aunque sigan tratando de mejorar cosas, el Fenway Park no tiene espacio para crecer en áreas básicas.

Los cuchitriles que llaman clubhouses en el Fenway Park actualmente están lejos de igualar los que poseen Tigres del Licey y Leones del Escogido en el antiguo Estadio Quisqueya, de Santo Domingo, en la Liga invernal de República Dominicana, y solamente podría compararlos a los paupérrimos vestidores de visitantes de ese mismo parque.

Los camerinos en Boston son tan estrechos que prohibieron la entrada de camarógrafos al vestidor de los Rays de Tampa Bay, luego de los juegos de la Serie de Campeonato de la Liga Americana.

Para facilitar entrevistas de sus jugadores, los Rays deben sacar a los peloteros uno por uno a un pasillo atestado de periodistas y apenas separado por un cordón del público general.

Al mismo tiempo, el Fenway Park adolece de una cantidad adecuada de parqueos e incluso de áreas para colocar los camiones de las televisoras que se mueven detrás de eventos tan importantes como Playoffs de ligas, Juegos de Estrellas y Serie Mundial.

Y si en 1999 Harrington estaba alertando de la necesidad de un nuevo edificio para generar recursos suficientes y poder competir con los odiados rivales Yankees, imaginen cómo quedarán los Medias Rojas en esa batalla económica cuando Nueva York inaugure su estadio de un billón de dólares en 2009.

Los Yankees, que son los más ricos del béisbol, serán aún más ricos en lo adelante y podrán darse el lujo de tener la primera nómina de 300 millones de dólares, tan pronto como en el primer año del nuevo Yankee Stadium.

Pero no todo es dinero. En la batalla ancestral entre Medias Rojas y Yankees, el orgullo y el ego también juegan un papel importante.

Y ahora más que nunca (con Yankees Stadium II a seis meses de su inauguración), los Medias Rojas sentirán en su espalda la edad del Fenway Park (96 años). Es evidente que Boston necesita un nuevo estadio de béisbol.