•  |
  •  |
  • END

Cinco goles en los primeros 36 minutos, “hat-trick” meteórico del nuevo Pichichi, Samuel Eto’o, y liderato provisional de la Liga: el Barcelona que lleva ya nueve victorias consecutivas y al que incluso le sobran las segundas partes.

¿A qué se debe semejante mutación? Dice Guardiola que su éxito depende exclusivamente de los futbolistas. Maldita modestia.

Pobre Almería, última víctima de un Barça demasiado hambriento, ansioso por comerse el mundo a mordiscos. Antes que los andaluces, equipos como el Wisla, el Sporting de Gijón, el Atlético y el Basilea ya pagaron con dureza su voracidad. No debe ser ésta la lucha del grupo de Gonzalo Arconada.

Un Almería que después de un inicio de Liga de lo más ilusionante y que venía luciendo su sexto puesto de la tabla como chapa en la solapa a la que admirar, tardó sólo cuatro minutos en derretirse.

Entre los minutos 5 y 37, poco más de media hora, el Barcelona volvió a montar su particular bacanal. Cayeron hasta cinco goles, todos de bellísima factura y exhibiendo con una efectividad de ensueño.

No estaba solo el guardameta Alves en la cámara de tortura. Sus compañeros sólo pudieron ser espectadores ante el gigantesco rondo azulgrana. Juego cruel y de final conocido. Al primer suspiro, Iniesta había roto el fuera de juego tras una gran asistencia de Touré. Despejó fatal Carlos García, y por allí apareció Samuel Eto’o, quien iniciaba así su festival con un sutil golpe de bota.

El segundo tanto del camerunés tuvo un origen demasiado similar. La defensa del Almería daba un paso hacia adelante al mismo tiempo que la segunda línea azulgrana aprovechaba para matar. En esta ocasión quien penetró fue Xavi, que sólo tuvo que mirar hacia su derecha para que Eto’o anotara a placer.

No acabó ahí la cosa. Esta vez se aprovechó el ariete de una monumental jugada de Messi --bendito el día que su par, el desastroso Guilherme, estrenó titularidad--. Pegó Eto’o su espalda al pecho de Pellerano a centímetros de la raya de gol, y en plena ostentación de recursos sacó oportunamente la espuela para cerrar su “‘hat-trick”.

Entretanto, Thierry Henry había tenido tiempo de anotar el segundo gol de la noche al coronar la mejor jugada del encuentro. Había roto Messi por enésima vez a su defensor cuando decidió asistir a Iniesta al interior del área. El manchego, exquisito, optó por centrar hacia atrás. Despejó como pudo Pellerano hasta que “La Pulga”, nuevamente en su versión más solidaria, dejó el gol hecho a un Henry que sólo tuvo que empujar el balón antes de besarse la muñeca.

Pese al tanto, el francés parece ser la única nota discordante de una pegadiza melodía. Le sigue costando horrores desbordar y tiende a ralentizar todo lo que sus compañeros aceleran. Nada que ver con tipos como Abidal o Dani Alves, jugadores que siguen creciendo a pasos agigantados tras un inicio de lo más dubitativo. El lateral brasileño, incluso, logró estrenarse como goleador después de rememorar uno de aquellos golpes francos que tanto deleitaron al Pizjuán. Había plantado el cuero el árbitro a más de 30 metros. Nada del otro mundo para Alves, quien de un tremendo derechazo superó por quinta vez a su compatriota.