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Cada juego de béisbol no es un problema que debe ser resuelto, sino un misterio que debe ser vivido, hubiera dicho Borges de haberse apasionado por el más impredecible de los deportes, sobre todo después de ver cómo los no favoritos Indios del Bóer ganaron el primer lugar de la Liga, por encima del todopoderoso trabuco Gigantes de Rivas que el 19 de noviembre, venciendo por 4-0 al Chinandega con pitcheo de Elvin Orozco y el cuarto jonrón de Carlos Sosa, se acostó con ventaja de 5 juegos sobre la Tribu, manejada por un atormentado Juan Castro, quien en esos momentos intentaba fabricar milagros.

El Rivas se veía tan compacto en todos sus sectores y el Bóer tan discutible con Urbina en tercera y constantes variantes, que se daba por un hecho la ampliación de esa diferencia, no su drástico recorte, consecuencia de la permanente presión ejercida y exitoso asalto a la cima realizado por los Indios, hasta evitar ese suplicio de las semifinales que tienden a desgastar en la búsqueda desesperada por sobrevivir.

ATRACTIVO CIERRE

Aunque lo más dramático de la recta final estaba en la lucha que por salir del ataúd protagonizaban Oriental y Tigres de Chinandega, el interés por finalizar primero pareció prevalecer con Rivas y Bóer trenzados en una batalla como esas de boxeo mixto. La victoria del Rivas, revestida de espectacularidad arrebatándole a los Indios un juego que ganaban 8-5 hasta el octavo inning, forzando un empate en el primer lugar con tres juegos pendientes, alteró ritmos cardiacos y metió el futuro inmediato de los dos equipos en una burbuja de inseguridad.

En ningún momento, el favoritismo del Rivas, con esa impresionante alineación iniciada por Dwight Britton y cerrada por Ramón Flores, con Ofilio, Sosa y Simon bateando consecutiva, y los bates de Serrano, Campbell, Reyes y Rivas listos para tronar, agregando el soporte de un buen pitcheo, se tambaleó, excepto cuando en un juego considerado clave por garantizar ventaja de un juego al vencedor con solo dos pendientes, el Bóer, cuyo line-up abre con Walter y cierra con Sevilla, se impuso 9-4, sacándole provecho al trabajo monticular combinado de Rodney Rodríguez, Róger Marín, Oscar Chow y Henry Córdoba, vacilante en las dos últimas entradas.

Ese juego de ventaja adquirió un gran significado, y el sábado, al ser ampliado a dos con una fecha por jugar, empujó al Rivas a las semifinales frente a un casi heroico Chinandega, que se ve agrietado pero peligroso en una serie de cinco juegos.

CAZAÑA GRITA ¡AQUÍ ESTOY!

La combinación del triunfo indio sobre los Tigres, 7-3, clarificado por los dos jonrones del casi oculto Amaury Cazaña, número 20 entre los mejores bateadores y limitado a cinco vuelacercas en 182 turnos, y el revés sureño por 6-4 frente un Oriental eliminado un día antes, pero ofreciendo una llamativa demostración de seriedad jugando a fondo, como si esa victoria facilitara la hazaña, terminaron con el suspenso y destrozaron la intriga que podía cobijar la última fecha, que se realizó este domingo.

Aún vencido por los Tigres, 5-1, con faena de José David Rugama, el Bóer finalizó en la cresta de la ola, obviando el triunfo del Rivas por 4-1 sobre el Oriental, con pitcheo de Douglas Solís y el primer jonrón de Justo Rivas, midiendo la lejanía de las verjas antes de aterrizar en la candente semifinal.

¡Cómo logró salirse del hoyo el Chinandega mientras Enrique Gasteazoro hacía las reservaciones para el regreso de todos los peloteros extranjeros hoy lunes! El equipo occidental juntó esfuerzo extra con el impulso necesario y aprovechó que el Oriental trataba de equilibrarse sobre arenas movedizas, para clasificar contra viento y marea.

AMPUTADO, NO DESCARTADO

Fue la hermosa demostración de un equipo “amputado” que en el transcurso del torneo, muy temprano, perdió a quienes se suponía serían sus dos grandes tronqueros: Yurendel de Caster --ningún parecido con el fulgurante ganador de la triple corona en el anterior torneo-- y Curt Smith, no apagado, pero sin alcanzar la incidencia requerida. Y sobre el cierre, el equipo sufrió otra estocada al quedarse sin el campeón de bateo William Vásquez.

Pese a todo eso, Chinandega, convertido en un equipo tan difícil de reconocer como París sin la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo y los Campos Elíseos, fue capaz de superar a un Oriental que, mejor armado, se metió en una aguda crisis, viéndose obligado a la separación del mánager Hubert Silva. En su lugar entró Omar Cisneros, metido en un agujero a lo largo de casi toda la temporada.

Así que al caer el telón de la Serie Regular, el Bóer se encuentra balanceándose en la hamaca de la comodidad, listo para presenciar cómo Rivas y Chinandega se arrancan la piel en busca del boleto a la final, a partir de este martes en territorio sureño. Ojalá presenciemos un final de alarido.