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El Barsa dio la bienvenida a Lionel Messi tomando medio billete para los Cuartos de Final de la Copa del Rey, ante un correcto Getafe exigido al límite en defensa y atrevido en ataque pero que no pudo contener la catarata de fútbol de un rival que los fulminó 4-0.

Fue la noche de Messi, sin duda. Al cabo de 58 días de la lesión que sufrió en el campo del Betis, su nombre tronó en el Camp Nou y su salida del banquillo, a los cinco minutos de la segunda mitad, fue recibida con algarabía por parte de una hinchada feliz.

Y Leo, tan agradecido por el recibimiento como enrabietado por las ganas de regresar, regaló un homenaje al barcelonismo. Y al fútbol en general. Se bastó con 28 minutos sobre el campo para dejar patente que el crack está de vuelta en mayúsculas. Marcó dos goles y pareció que nunca hubiera estado lesionado.

Ante todo ello se contempló a una afición feliz por el retorno de la estrella y también, satisfecha, mucho, por el espectáculo que hasta su entrada ya habían ofrecido sus compañeros, que sin plasmar en el marcador las muchas ocasiones creadas sí ofrecieron un fútbol de alta escuela.

Pronto pareció encarrilar el reto cuando Cesc, completamente solo, remató picado de forma perfecta un centro largo de Pedro ante el que Codina nada pudo oponer.

La fiesta se tomó un respiro con el descanso y el corto 1-0 en el marcador y dio paso al segundo acto, centrado por Messi desde que salió a calentar a los cinco minutos.

Los 39 mil 299 espectadores presentes en el Camp Nou recibieron con honores la salida de Leo del banquillo y el argentino devolvió los parabienes, brazo en alto, saludando a los fieles. Permaneció durante doce minutos correteando por la banda hasta que Pedro fue derribado en el área.

Estaba listo para entrar pero Martino decidió que no era correcto darle entrada en ese instante, cuando Cesc se aprestaba a lanzar el penalti. Lo transformó el ‘4’ e inmediatamente después, a los 63 minutos de partido, Messi volvió a sentirse futbolista.

Tomó el lugar de Iniesta, después de 58 días de ausencia y el tiempo pareció detenerse. Como si nada hubiera pasado, Messi tomó su papel de líder con naturalidad y con toda la naturalidad, en el minuto 89, reencontró su hábitat natural cerrando la victoria, convirtiéndola en goleada. Le llegó un balón rebotado de Montoya y con toda la tranquilidad del mundo lo alojó en la red.

Y para que nada faltase, en tiempo añadido, el genio creció hasta el infinito marcando el 4-0, en una jugada marca de la casa.