Edgard Tijerino
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Scott Kazmir, quien se quedó corto en el duelo de zurdos sostenido con Cole Hamels en la primera batalla de este Clásico de 2008, regresa hoy a la trinchera con la misión de mantener con vida a los desfallecientes Rays, que han visto derretirse a sus mejores bateadores después de provocar tantas expectativas.

Mientras los Filis han visto despertar al motivador Jimmy Rollins y al “Monstruo” Ryan Howard, el timonel de Tampa, Joe Maddon, sigue esperando los batazos de B. J. Upton, Carlos Peña y Evan Longoria, desaparecidos dramáticamente como amenazas en esta Serie.

Con los Filis adelante 3-1, no parece tener pies ni cabeza ser optimista con el futuro de los Rays. El cómo ganar tres juegos seguidos no puede ser considerado como algo viable, aunque en béisbol --contrariando a Diógenes, quien nunca vio un juego de Serie Mundial-- no hay nada escrito.

¿Evan Longoria de 16-0? No, no es posible, dice uno pese a la terquedad de las cifras. El muchacho, que se vio tan maduro contra Medias Blancas y Medias Rojas, se mostró muy verde bateando y fildeando frente a los Filis.

¿Y qué decir de Carlos Peña?, el más grande artillero de los Rays sumergido en la pileta de las pirañas de 13-0. ¡Cómo ha estado de errático Peña con sus swings! En las grandes oportunidades, nadie ha logrado verlo.

La alegría del equipo se ha desvanecido. Los crecidos Filis se la han robado sin colocar pañuelos cubriendo sus rostros. Lo han hecho impunemente.

Pese al tamaño de Kazmir como pitcher, Hamels se ve lo suficientemente grande para asegurar la posesión del botín. Joe Maddon, evidentemente desesperado, necesitado de acupuntura, quisiera meter camuflados a Ichiro Suzuki y Manny Ramírez en la alineación.