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El Estadio “Denis Martínez” ha sido testigo de las mejores historias escritas por el Bóer. De allí se podrían realizar excelentes películas de béisbol sobre el equipo más popular de Nicaragua, aunque sería injusto no mencionar a todos los aficionados que por años se han mostrado fieles al equipo, no solo en los triunfos, también en las derrotas, y que son parte de los grandes momentos.

Este sábado se realizó el tercer partido de la final en la Liga Profesional. Esta vez quizá no se registró la cantidad de aficionados del primer partido que se jugó el viernes cuando se notó una enorme cantidad de personas desesperadas buscando un boleto horas antes, para ser testigos del encuentro.

Para este duelo asistieron aproximadamente unos 15 mil aficionados, la parte derecha (por primera base) del “Denis Martínez” fue copada por la barra boerista que al son de pitos y tambores animó a su equipo. El famoso grito de “¡Viva el Bóer, jodido!”, nunca faltó, tampoco los gritos de “Uh, uh,uh”, con la inconfundible señal de la mano derecha haciendo el hacha, que popularmente ha representado a los indios.

Poco se escuchaba de la barra sureña que esta vez fue mínima. Unos 50 aficionados llegaron a animar a Rivas, las ramas con hojas de mangos no faltaron, y salieron a relucir cuando su equipo puso el 1x0 en el segundo episodio. Los gritos de “Sí se puede” se empezaron a escuchar, pero la alegría les duró poco porque el Bóer en el cierre de esa entrada se adelantó 2x1.

Finalizó el quinto inning y la preocupación en los rostros sureños era evidente, mientras la barra boerista no paraba de bailar al ritmo de las “Chicas Latinas”, un grupo de 5 atractivas mujeres que danzaban con maestría sobre el dogout del Bóer y que, por supuesto, captaban la atención de algunos aficionados que se distraían al ver sus movimientos sexys.

El júbilo sureño no se hizo esperar cuando Rivas anotó dos carreras en el sexto, y séptimo inning, y en el noveno sentenció con el jonrón de Carlos Sosa.

A pesar de la derrota, los boeristas no dejaron de apoyar al equipo, sin embargo salieron del estadio con la ilusión un poco quebrantada y con el temor de que este martes pueda ser el último partido del Bóer. Si el equipo no gana en los siguientes dos partidos. “El bateo no funciona y el pitcheo se mostró débil”, vociferaba un aficionado al salir del histórico coloso, que quizá esté viendo su última final de la Liga Profesional.