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En la derrota india por 6-2, la multitud, otra vez por encima de 15 mil, rugió poco. Y es que este Bóer, limitado a solo un inning discretamente productivo en cada juego, se ve por largos ratos desnudo y enclenque, como si ofensivamente no existiera. Agreguen que el mánager Juan Castro no es Edison para inventar relevistas efectivos, y que el equipo no se ve lo mínimamente funcional frente a las exigencias. ¿Qué se puede esperar? Uhh!, el panorama no puede ser más desolador.

Estar atrás 1-2 después de tres juegos no debería ser tan dramáticamente desgarrador, como lo graficó ayer la fanaticada india al salir del parque, preguntando: ¿Y ahora, quién abrirá mañana?, mientras miraban a Róger Marín pensando en el atrevimiento de volver a entregar la píldora a Carlos Teller con solo tres días de descanso, una temeridad, o confiar en Logan Durán, quien no fue utilizado con dos a bordo sin out, en ese sexto inning que hizo girar la pizarra colocando al Rivas en ventaja 3-2, antes de sellar la victoria por 6-2 con par de carreras en el séptimo, y el jonrón solitario de Carlos Sosa en el noveno, primero que se dispara en la serie.

Hay temor por el futuro inmediato naturalmente, no pánico, pero cuando tus ilusiones son agujereadas como ocurrió ayer, puedes desembocar en lo depresivo, que se convertirá en abrasador si no puedes equilibrar la serie hoy en Rivas y sientes que te han colocado una soga en el cuello. En ese momento, el pánico te acorrala.

Eso se puede evitar con un sólido pitcheo abridor, el despertar de la ofensiva que solo disparó 4 hits, sumando 15 en tres juegos, y un bullpen enérgico. ¡Qué fácil es decirlo! Cómo quisiera Juan Castro ser el mago Chris Angel para juntar todo eso, salir de las brasas y agitar sus puños.

El Rivas, con Campbell condenado a solo tocar pelotas, pero útil en la defensa, realizando dos jugadas brillantes, “robándole” una carrera a la tribu en el quinto que le hubiera permitido ampliar su ventaja 3-1; sin Elmer Reyes, pero con Talavera sorprendentemente revitalizado conectando tres imparables; con Elvin Orozco reaccionando a la agresión que sufrió de dos carreras en el segundo episodio, apretando tuercas; y con un taponeo firme, sin concesiones, terminó imponiéndose.

Tomó ventaja el equipo sureño en el inicio del segundo con dos outs y bases limpias por boleto al sumergido Flores de triple de Talavera, pero en el cierre, hits seguidos de Janior Montes y Sandor Guido, después de golpe a Urbina y avance, adelantaron al Bóer 2-1. Rivas supo venir desde atrás con los batazos impulsadores de Justo Rivas y Ramón Flores en el sexto, y en el siguiente turno, aprovechando un error en tiro de Urbina que facilitó carrera, y hit de Simon, estableció distancia 5-2, silenciando las tribunas. El jonrón de Sosa, fijando el 6-2, fue un disparo al moribundo.

“Todavía no estamos muertos”, gritaba el boerismo al salir del estadio, lo cual es cierto, pero si los indios no ganan hoy, amanecerán en cuidados intensivos.

 

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