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David Foster Wallace, el desaparecido y brillante escritor estadounidense, hubiese titulado su crónica del cuarto juego de esta final, ganado por el Rivas al Bóer 16-7, “Un martirio infinito”. Pienso así, porque el considerado mejor libro de Foster Wallace, quien decidió suicidarse víctima de sus afectaciones depresivas, se titula “La broma infinita”.

Lo visto ayer en Rivas fue un martirio para los Indios, que buscaban cómo equilibrar la serie, con la escopeta zurda de Carlos Teller lista para el martes en el quinto duelo. La diferencia en la pizarra, aunque parece drástica –nueve carreras- es engañosa, porque ni grafica la superioridad mostrada en todos los sectores y en casi todos los momentos, por el equipo sureño, que entró al noveno con ventaja de 16 por 4, insinuándole al Bóer no presentarse a la quinta batalla.

Pocas veces se ha visto tan deshilachado el equipo indio. Su pitcheo fue golpeado con cinco dobles y un vuelacerca; la defensa cometió cinco errores; el trabajo monticular del abridor Roger Marín, un ganador de tres juegos contra el Rivas en la temporada, fue pálido, tembloroso, ineficaz; y el de los relevistas, sobre todo el de Logan Durán, calificado como “el más duro”, fue fatal.

El Bóer, angustiado por la urgencia de vencer, estuvo atrás 4-0, 4-2, 10-4, y 16-4, es decir, siempre sangrando, y su última reacción en el noveno, agregando 3 carreras antes de morir, tuvo dignidad y coraje, pero demasiado tarde, muy corta, infuncional como amenaza, pese a lo frágil que fue el pitcheo de Joaquín Acuña, sin llegar a alterar el sistema nervioso de Ramiro Toruño.

El Rivas se adelantó 1-0 en el cierre del segundo, después de haber malogrado una estupenda oportunidad en el inicio con Ofilio en tercera por triple, y solo un out. Infield hit del recargado Ramón Flores, y un error de Urbina al perder un tiro de Sandor, facilitó abrir el marcador, y en el tercero, hit de Britton, una base, un golpe, y los errores de Marín y Campuzano, establecieron un 4-0 preocupante para la tribu.

Reaccionó la tropa de Juan Castro con dos carreras en el cuarto, consecuencia de un hit de Jilton y dobletes remolcadores de Juan Camilo y Juan Carlos Urbina. Recortando la distancia 4-2, el Bóer estaba en pie de lucha, además de haber comprobado que el pitcheo de Gustavo Martínez, era bateable.

Un rally matador

La ofensiva sureña de seis carreras en el cuarto, fue rompecorazones para la tribu, decretando la salida de Marín, quien cometió un error sobre machucón de Campbell y soportó hit de Britton. ¿Quién mejor que Logan Durán para intentar evitar mayor daño? Eso pensamos, pero el derecho entró desorientado boleando a Ofilio para llenar las bases, y también a Sosa, para una quinta carrera de “bonificación”. Antes de salir, Durán fue estremecido por hit de Randall Simon impulsador de dos carreras, estirando la diferencia 7-2.

Se cree que cada vez que Juan Castro mira hacia el material que tiene en su bullpen, cierra los ojos, reza un poco, y señala. Así seleccionó a Álvaro Membreño, quizás poco interesado en entrar a las brasas, y sacudido por los dobletes de Justo Rivas y Eddy Talavera, ampliando 10-2, agitando las tribunas, llenas desde horas antes de cantarse el playball.

Esa comodidad, detuvo al Rivas más que el pitcheo de Membreño, sin permitir carrera durante tres innings consecutivos, mientras el Bóer, por vez primera en la final, marcaba en más de un inning, agregando dos en el inicio del séptimo por golpe a Sandor, triple del “agente secreto camuflado” que es Sevilla, y el primer hit del oscurecido José Campuzano.

Sellaron la paliza

Eso molestó a los sureños que en el cierre del octavo, arremetieron fabricando otras seis carreras. Un hit, base y otro cohete impulsador de Simon, expulsaron al recién ingresado Elvin García, y dobles seguidos de Raymond Serrano y Justo Rivas, contra el relevista Juan Serrano, golpeado también por el jonrón de Ramón Flores, quien había realizado la atrapada del juego con guante de revés y rascando la grama viniendo hacia delante sobre batazo de Sevilla. Ahora el marcador estaba 16-4. La barra india quería salir huyendo, pero tenían que esperar por los buses.

El Bóer tuvo aliento para conseguir tres carreras en el noveno contra Acuña. Base a Campuzano, y hits consecutivos de Camilo, Cazaña –quien se acostó en lugar de correr en el cuarto inning, en un momento importante- y Oviedo, recortaron a 9 carreras la distancia, fijando el 16-7 cargado de crueldad.

El regreso a Managua fue silencioso. Nadie quería pensar en el próximo juego pese a tener disponible a Carlos Teller. A Juan Castro, recordando su bullpen, le dolía la cabeza. Pero en beisbol, no existen imposibles, y después de este martirio infinito, Teller podría revitalizar a los Indios. ¡Ojalá!

dplay@ibw.com.ni