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Es la chispa de fuego que espanta a los monstruos de la noche. Rafael Nadal, vencedor de 13 títulos de Grand Slam en el tenis, se sienta para celebrar que ha ganado su primer torneo de póker en vivo, el Charity Challenge de Praga, donde este invierno paró el European Poker Tour que patrocina Poker-Stars.

Han sido casi cinco horas de partida. Un ejercicio que ha ido examinando paso a paso las mismas virtudes que han hecho del español un caníbal de la raqueta: capacidad de análisis; rapidez en la toma de decisiones; resistencia; agresividad en los momentos clave. El triunfo en esa partida de póker concentra la esencia del cerebro de Nadal para arrojar una conclusión sorprendente. El competidor feroz siente algo parecido al miedo. En los momentos de máxima tensión, su cabeza se llena de sombras que amenazan con doblegar su voluntad y empujarle al abismo. Entonces, en la noche se enciende un minúsculo punto de luz. Él lo llama “la determinación”. Los psicólogos, “fortaleza mental”. Sus rivales, en la mesa de póker y en la pista, “instinto asesino”. Las sombras de su cabeza huyen despavoridas. La luz sustituye a la oscuridad. Nadal triunfa.

“En mi cabeza hay dudas siempre, ese es mi sentimiento”, cuenta el número uno del mundo del tenis durante el invierno, que utiliza para preparar el Abierto de Australia, que comenzó el lunes. “No soy una persona segura de sí misma en ninguna cosa de la vida. No soy una persona decidida en casi nada. Nunca he presumido de eso. Me cuesta mucho tomar decisiones. Pero cuando juego, en los momentos importantes, tengo la determinación de hacer algo”, señala con un gesto que intenta describir su voluntad de ser protagonista activo y no pasivo de esos instantes de tensión.

“Mi cabeza, en los momentos de presión, en los momentos importantes, me ha respondido bien la mayoría de las veces. Hablemos claro. Mi cabeza me ha permitido jugar de la manera que yo creía que tenía que jugar. Mi cabeza no me ha impedido hacer lo que yo creía que tenía que hacer: eso es lo que pasa cuando tienes nervios, cuando te supera la situación”.

“Crear presión es una de las estrategias más efectivas en el póker”, resume Leo Margets, probablemente la mejor jugadora española, una mujer que conoce tan bien las cartas como la raqueta, ya que es familiar de Joan Margets, directivo de la Federación Internacional de Tenis. “Genera frustración en los rivales: si no son mentalmente muy fuertes, acabarán cometiendo un error a raíz del desquicie que les provoca estar bajo presión constante”, sigue. “Tanto el tenis como el póker requieren de una estrategia. Uno puede tener un estilo de juego determinado, pero tiene que estar preparado para cambiarlo, porque los dos son juegos vivos que evolucionan sobre la marcha, es necesario reevaluar constantemente la situación, y la capacidad de adaptarse al rival es quizá una de las claves del éxito en ambos.

Nadal es un luchador, el ejemplo por excelencia de perseverancia y tesón en la pista. Estas cualidades le servirán muchísimo trasladadas al tapete”, subraya la jugadora profesional. “A pesar de que el tenis y el póker comparten una base técnica indispensable, su dominio no es suficiente por sí solo para destacar. La parte psicológica desempeña un papel clave. El tenis es uno de los deportes en los que el factor psicológico tiene mayor peso. La capacidad de lucha hasta el último punto, aunque parezca que está todo perdido y que no compensa; el no rendirse jamás; el tener ese hambre de ganar… son todas cualidades perfectamente extrapolables para brillar también en el póker”.

Todo empezó con un mago que podía convocar a la lluvia si se acercaba la derrota, interrumpiendo así el partido para que esta no llegara. Un hechicero capaz de hacer invisible a aquel niño gracias a la complicidad de toda la familia, que hacía como si no le viera. La historia de Rafael Nadal no se entiende sin Toni Nadal, su tío y entrenador.

El hombre que le propuso jugar como zurdo pese a que es diestro. El entrenador que le enseñó los rudimentos básicos de la disciplina y luego le ayudó a refinarlos (en eso siguen hoy día) hasta convertirse en el mejor del mundo. El consejero audaz. El técnico que encontró a un chico “obediente” y esculpió su cabeza hasta convertir aquel diamante en bruto en el mejor músculo de un tenista como no habrá otro.

“Si a un niño le enseñas el drive, también le puedes enseñar la voluntad. La voluntad se educa”, cuenta Toni una mañana de invierno en el mismo club de Manacor (Mallorca) en el que empezó a entrenar a su sobrino, del que acaba de despedirse tras una intensa sesión de ejercicios en la que Nadal suda tanto como para que le rodee un aura hecha de vaho, el testimonio del contacto del aire frío contra su piel caliente.

“¿Por qué la gente reacciona en las guerras de una manera determinada? Porque no le queda más remedio. Si tú vives de una manera desahogada, sin preocupaciones ni demasiado esfuerzo, es más difícil educar. Yo no empleo técnicas estrafalarias. ¿Por qué el conejo es tan hábil en el campo? Porque tiene que sortear las piedras, a posibles cazadores, y coge habilidad. Es lo mismo: si el niño es el centro de atención, si cuando tiene un pequeño problema se lo solucionas… tienes una realidad diferente”, desgrana los ejemplos el entrenador.

“Por una parte está el carácter de Rafael, que es dado a la obediencia, la disciplina y el dejarse guiar. Cuando él era pequeño, no tuvo más remedio que escucharme. Lo mismo que hay pocos empleados que digan barbaridades a sus jefes, creo que hay pocos entrenadores que se las digan a sus jugadores. Quien te paga es quien tiene la sartén por el mango. Yo tengo la suerte de que en nuestro caso no sea así”, cierra Toni, que no cobra de su sobrino.

“Eso se trabaja desde pequeño, todo es trabajable y entrenable… pero partamos de la base de que uno tiene que tener un talento con el que ha nacido, unas virtudes mentales innatas, porque tu mente tiene que estar preparada para poder entrenar todas esas cosas”, coincide el campeón de 13 grandes. “Tu cabeza tiene que estar preparada para obedecer. Preparada para que cuando te digan que no tires la raqueta, no la tires. Preparada para que cuando te dicen que si fallas no gesticules, pues no gesticules. Esto es un talento innato. Talento de saber obedecer, de tener la suficiente humildad para escuchar a las personas que te están guiando. Según cumples años, depende de la capacidad intelectual de cada uno. Con 6 años no eres muy inteligente. Con 26 tienes que serlo como para saber que el que te guía desde fuera no te intenta perjudicar, sino ayudar, apretarte para ayudarte. Hay que tener la inteligencia para entender eso, aunque no te guste lo que oyes, y obedecer”.