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Hay rumores que circulan por el mundo del béisbol sobre Bud Selig y sus ganas de obsequiarse a sí mismo una especie de tour de despedida para celebrar su retiro durante el cual pueda pasear por los asientos más baratos y compartir momentos con las personas que saben que él peleó por el bien del deporte, y que peleó tan dura como noblemente.

Este es el último año de Selig como comisionado --él lo jura-- y lo pueden perdonar por querer dejar algún tipo de legado. Los legados son el accesorio más cool del béisbol hoy en día, desde los nuevos miembros del Salón de la Fama hasta el Salón de la Fama de exiliados por uso o sospechas de uso de sustancias prohibidas, de Selig a Alex Rodríguez. Nunca antes ha habido tanta gente obsesionada con ser recordada o con tanto miedo de ser olvidados.

Selig, claramente, quiere ser recordado como alguien que limpió al deporte, y por “limpiarlo” queremos decir persuadir a “60 Minutes” a decirle al mundo entero que él será recordado en los libros de historia como aquel que presidió sobre el sistema antidopaje más estricto de los deportes profesionales.

Y por “limpiarlo” queremos decir asegurarse de que Rodríguez jamás vuelva a jugar, una misión que “60 Minutes” se las arregló para asociar erróneamente con la ferocidad del sistema antidopaje de las Grandes Ligas.

Mientras Rodríguez se embarca en su propia misión por demandar a todos, desde Selig hasta a aquel tipo que una vez confundió a su minotauro con un centauro, probablemente valga la pena dar algunos pasos hacia atrás y recordarle a todos que el Sistema antidoping de la MLB --por más riguroso que sea-- no tuvo absolutamente nada que ver con que Rodríguez se vea atrapado por Selig.

El caso de Biogénesis, al igual que el caso de BALCO que lo precedió, le cayó del cielo a las Grandes Ligas después de que la prensa lo descubrió y lo publicó. Ninguno de los 13 tramposos como resultado de Biogénesis que aceptaron sus suspensiones como resultado de haber sido expuestos por el diario Miami New Times, recibieron dichas suspensiones por haber fallado un test antidopaje de MLB.

Es más, el caso de Rodríguez le puso todavía más énfasis a la falta de poder relativo del sistema antidoping. El testimonio público de Tony Bosch lo demostró, especialmente si un tipo con su inteligencia, ingenio y credenciales médicas falsas pudo arreglárselas para proveer a sus clientes con todo tipo de cosas excepto saliva llena de testosterona. Este pedazo de información ha sido ignorada por la versión de los eventos según las Grandes Ligas, ya que siempre es bueno derrotar al villano, pero no siempre es bueno explicar cómo este tipo de maldad se las arregló para pisotear las reglas del deporte hasta que un empleado disconforme llamado Porter Fischer decidió llevar a sus quejas -- y una pila de papeles que contenían información de pagos y calendarios de dopaje-- a las oficinas de un diario. (Papeles por los que, deberíamos mencionar, las Grandes Ligas le pagaron 125 mil dólares a alguien apropiadamente conocido como “Bobby”).

Es casi cómico que las Grandes Ligas, comportándose como una agencia rebelde, espere palmadas en la espalda por su labor con todo lo que tuvo que ver con Biogénesis. Es todavía más gracioso que ellos sean los que inicien las felicitaciones.

Sin embargo, hay una cosa que no se puede debatir: el béisbol tiene las sanciones más duras por dopaje de cualquier deporte. Tal y como cualquiera de los abogados de A-Rod puede decirte, hay muchas horas por cobrar en esa política. Rodríguez ha hecho muchas cosas mal en su carrera --incluyendo utilizar sustancias prohibidas, quizás de manera serial-- pero quedar del lado equivocado del sistema antidopaje de las Grandes Ligas (primera ofensa: 50 juegos de suspensión) no fue una de ellas. La duración de su suspensión --a pesar de todo lo que detestamos sobre A-Rod-- parece ser resultado de matemática vengadora.

¿Pero qué hay de Ryan Braun? Él fue expuesto por una prueba antidopaje, luego exonerado por un tecnicismo antes de ser expuesto nuevamente por los documentos de Biogénesis. Su camino de presunto tramposo a presunto mentiroso a tramposo y mentiroso es básicamente el resumen perfecto para todo lo que sucedió.

Mientras tanto, reconozcamos algo que nadie quiere admitir: las sustancias prohibidas fueron y siguen siendo un gran negocio para el béisbol. Eso no quiere decir que Selig y la asociación de jugadores no sean serios sobre el tema --al menos hoy en día-- sobre tener un deporte limpio. Pero desde un punto de vista que es estrictamente sobre publicidad, comenzando con la explosión de cuadrangulares de los años 90 y la década del 2000 hasta el Reporte Mitchell y BALCO, Biogénesis y el dilema constante sobre el Salón de la Fama, las sustancias prohibidas han creado un nivel de interés en el béisbol que nunca hubiese existido de otra manera. Solo fíjense en lo que sucedió esta semana: la única historia que llegó a estar cerca de las semifinales de la postemporada de la NFL fue la saga de A-Rod. Esa es una manera de competir con el Rey Football Americano.

Y si Selig puede convencer a suficiente gente de que haber puesto a A-Rod como un trofeo en su pared lo convierte en el héroe de las sustancias prohibidas, bien por él. Como mínimo, lo haría sentirse mejor mientras se embarca en su tour de despedida por los estadios presuntamente libres de drogas de los Estados Unidos. Si necesita a un acompañante, Porter Fischer probablemente esté disponible.