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A falta de fútbol, un simulacro de partido dejó un episodio escalofriante, como una caída de Manquillo que le retorció las cervicales, y un pavoroso golpetazo --tirándole un objeto desde las gradas-- de un desalmado espectador a Cristiano cuando se iba en el descanso.

Si siempre es un hecho injustificable, todo el delito del portugués fueron dos goles tras dos auténticos penaltis en el primer cuarto de hora y una desdichada e involuntaria participación en el accidente de Manquillo.

El Real Madrid ganó 2-0 con dos penaltis, y selló un global 5-0 en esta semifinal que lo manda a disputar la final de Copa del Rey, lo más seguro contra el Barsa, que se mide hoy a la Real Sociedad.

Sin fútbol ni ideas

De fútbol, ni una gota, porque el Atlético se saltó el partido y dejó que le resbalara la Copa tras su gatillazo de la ida. Rebajado desde la alineación, y en actitud contemplativa desde el calentamiento, el grupo de Simeone entregó la cancha. Nunca planteó batalla, ni siquiera hizo amago. Nada de nada. Ni un arrebato de salida que mantuviera la fe de una hinchada aterida en una noche tan borrascosa.

Anestesiado

Con el Atlético anestesiado, sin el cromosoma que le ha distinguido con el técnico argentino, el Madrid no tardó en penalizar a su adversario. Dos arreones sin más de Cristiano y Bale, y dos descalabros en la defensa local. El primero de Manquillo, que atropelló en su carrera a CR7. Cristiano estampó la pelota en la red de Aranzubia, que lleva una semana maldiciendo su suerte. Más aún, cuando por el otro lateral, Insúa hizo la tijera a Bale, al que golpeó con una pierna y remató con la otra. Otra vez, CR7 como verdugo, y Aranzubia

como víctima.

 

“El equipo jugó bien y hemos merecido estar en la final. Es verdad que esta es la competición menos importante de nuestro camino pero esto demuestra que vamos a por todas”

Carlo Ancelotti

técnico del Real Madrid