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Recientemente recibí una comunicación de Jesús Alberto Rubio, Presidente del Comité Elector del Salón de la Fama del Béisbol Profesional de México y redactor de la columna “At Bat”, que aparece en varios portales especializados. En estos momentos él se encuentra recopilando datos del árbitro radicado en Veracruz, México, Armando Rodríguez, quien fue el primer umpire cubano y latinoamericano que actuó en las Grandes Ligas, en 1974 y 1975, a una edad avanzada y con la desventaja de no conocer el idioma inglés. Armando gozaba de una recia personalidad y un estilo autoritario al estilo de su maestro Amado Maestri. Por lo tanto no era muy dado a aceptar explicaciones y casi nunca esperaba mucho para expulsar a los jugadores.

Como deseo poner mi granito de arena, decidí dedicarle un artículo informativo a tan prestigiosa figura del deporte caribeño, a quien conocí personalmente cuando visitó la redacción del extinto periódico “La Prensa de Los Ángeles”, durante la primera semana de junio de 1975, acompañado del niño Eduardo Prado y de los ex peloteros profesionales Roberto Fernández Tápanes y Julio Durán.

Rodríguez nació cerca del Río Blanco, a una milla del Central Hershey en Cuba, jugó como jardinero izquierdo por dos campeonatos en la Unión de Amateurs de Béisbol Cubano y realizó sus primeras incidencias como juez en los placeres cubanos, iniciándose en los profesionales a mediados de los años 50 en la Liga Cubana. El 26 de octubre de 1957 estuvo en problemas, cuando le asestó un caretazo al serpentinero zurdo de los Elefantes del Cienfuegos, Danny McDevitt, quien estaba molesto por haber otorgado varias bases por bolas, pegarle a un bateador contrario y hacer un error. Tras cometer un balk, fue amonestado por Rodríguez, a lo que respondió McDevitt tirándole la pelota. Al expulsarlo Rodríguez del partido, el lanzador lo atacó físicamente burlando la vigilancia del receptor Rafael Noble, pero el agredido se defendió pegándole con la careta. Como resultado de la bronca, Rodríguez fue suspendido por 15 días y McDevitt multado con $50.

Posteriormente Rodríguez actuó en la Liga Invernal de Nicaragua y en 1962 se fue a Venezuela, donde fungió como Jefe de los Umpires. Su debut en la Liga Mexicana se produjo en 1958, donde fue protagonista de un hecho sin precedente, al botar durante un doble encuentro al mismo jugador, sin dejarlo batear ni siquiera una vez. Resulta que el equipo de Nuevo Laredo tenía a sus filas a peloteros caballerosos como Julio “Jiquí” Moreno y a jugadores agresivos como Guillermo “Huevito’ Álvarez. En el primer episodio, Álvarez se enfrascó en tremenda discusión con Rodríguez y empleando un tono poco respetuoso le increpó: “Eres una porquería al igual que Maestri”. Armando no lo pensó dos veces y lo sacó del partido a caja destemplada.

Como desconocía el terreno, Rodríguez se puso a observar la línea de foul del jardín derecho, antes del inicio del segundo desafío, cuando una pelota le pasó silbando junto al oído con la deliberada intención de “arrancarle” la cabeza. Rodríguez le preguntó al dominicano Inocencio Rodríguez, quién había bateado la esférica. Al conocer que el responsable había sido “El Huevito” Álvarez, me parece que no hay que explicar que el “Huevito” no puso el “idem” en el segundo partido.

Durante la Serie del Caribe de 1971 en Puerto Rico, le fue ofrecido por el comisionado Bowie Kuhn y el ex propietario de los Cuban Sugar Kings (Cubanos Reyes el Azúcar), Bobby Maduro, su ascenso a las Grandes Ligas, pero surgieron dificultades y prefirió quedarse en México hasta 1973, debutando en el Gran Circo en 1974 en un juego entre los Vigilantes de Texas y los Atléticos de Oakland.

Armando, un hombre tan sencillo como sincero, me confesó que su ingreso en las Ligas Mayores se lo debió al Lic. Ramírez Muro, presidente de la Liga Mexicana en aquellos momentos, quien no escatimó esfuerzo hasta lograr su designación.

Tras contarnos cantidad de anécdotas, nos aclaró que nunca se vio en problemas serios de ningún tipo con el manager de los Angelitos de California, Dick Williams, por un sonado hecho que se había producido algunas semanas antes. Según Rodríguez, Williams se disculpó después de lo sucedido y lo felicitó por su trabajo. El problema, me dijo Armando, se debió a que Williams era un tipo explosivo al estilo de Billy Martin y Earl Weaver, quienes tenían problemas con todos los jueces.

Les explicaré al respecto. En 1975, el ex timonero de los Serafines criticó duramente a Rodríguez acerca de su capacidad e inclusive amenazó con quejarse a los rectores de la Liga Americana para que lo despidieran. La razón es que Williams sentía un viejo resentimiento con Armando, que databa desde que éste lo expulsó de un encuentro en 1974. Para agravar la situación el lanzador Nolan Ryan, de los Aureolados, secundando a su manager, declaró que no había podido dormir, al “enterarse” que Rodríguez sería el árbitro. De paso aprovechó para echarle la culpa de las nueve bases por bolas que concedió esa noche. Lo que no dijo fue que en su salida anterior regaló el mismo número de pasaportes gratis y que Armando no era el umpire.

Pero como en el béisbol todo pasa, hasta la ciruela pasa, todo se olvidó y Williams, Ryan y Rodríguez fumaron la pipa de la paz.

Los deberes familiares, sus problemas con el idioma inglés y su preferencia por retornar a las Ligas de México y Venezuela le impulsaron a hacer mutis por el forum en las Ligas Mayores.

Sin embargo, intervino en una bronca poco común entre peloteros en junio de 1976 en México, donde cargó en vilo al venezolano Vitico Davalillo para alejarlo del lugar y evitar males mayores, con la mala consecuencia de que se lastimó la espalda. Tras someterse a tratamiento, regresó a trabajar el 13 de junio en la serie Juárez-Laredo. Se inició el desafío y el primer bateador del Laredo fue retirado. Al instante Rodríguez levantó los brazos y pidió tiempo, llamando a los jueces Torres y Calderón para decirles que no podía soportar el dolor en la espalda.

Hubo necesidad de hospitalizarlo de urgencia en Ciudad Juárez. Allí se descubrió que su mal no estaba en la espalda, sino en una crítica enfermedad renal que lo mantuvo inactivo por un tiempo.

Entre sus anécdotas se encuentra una durante el Campeonato de la Liga Invernal Venezolana en 1974, donde Armando, que no se dejaba engatusar por nadie, le cantaba strike a toda bola que le pegara en el brazo a César Tovar, porque el versátil jugador venezolano había desarrollado una técnica de recibir el pelotazo y alcanzar la primera base sin problemas. Pero en una de las ocasiones a Tovar le pegaron un bolazo en la espalda y Rodríguez le concedió la inicial, reconociendo que la pelota lo había golpeado de verdad. “Tengo que reconocer que el hombre tiene clase”, confesó Tovar después de finalizado el partido.

Pero desde mi punto de vista, la historia número uno relacionada con Armando se produjo alrededor de la segunda base durante la primera semana del mes de julio de 1974, cuando el torpedero cubano de los Atléticos de Oakland, Bert Campaneris, salió a la conquista de la cámara intermedia, imponiéndose en una jugada muy cerrada a un tiro del receptor Fran Healy, de los Reales de Kansas City, al camarero cubano Cookie Rojas, que de inmediato comenzó a protestar por no estar de acuerdo con la decisión de Rodríguez. De inmediato acudió el manager de los Reales, Jack McKeon, a ver lo que estaba pasando. Al retirarse del lugar y llegar a la cueva le preguntaron la razón del altercado, a lo que McKeon contestó: “NO SÉ, YO NO HABLO ESPAÑOL”.

Como compensación a una gran carrera, Rodríguez pertenece a los Salones de la Fama de Cuba en Miami, las Series del Caribe y Monterrey, México. Lo sería en Venezuela de existir ese galardón, porque durante 14 años fue el jefe de los umpires en ese país.