Edgard Tijerino
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El crecimiento del deporte en cualquier país, exceptuando casos aislados de extrema rareza, depende de la capacidad de sus dirigentes. Lo demostró Cuba en ruta a convertirse en una fuerza olímpica impresionante.

Las oficinas del INDER en la isla estaban pobladas de gente competente, interesada en volcar sus conocimientos y experiencias al servicio de un proyecto de gigantescas pretensiones. Desde su butaca, el Comandante Juan Ramón Fernández manejaba un estupendo equipo de trabajo. Conocía varios de sus pilares, como García Bango, Misael Lima, Manolo González, Ciro Pérez, Pepe Llanusa, Carmelo Ortega, Reynaldo González y una docena más.

Eran como “Los halcones negros”, esos de Olaf, André y Chop Chop, que leíamos en nuestra época de estudiantes atravesando primaria y comienzos de secundaria, con su grito “¡Todos para uno y uno para todos!”, que es como debe ser para ir hacia adelante.

Ninguno de “Los halcones” era nica. Nosotros somos excluyentes por naturaleza. Desgraciadamente, nunca hemos estado claros de la importancia de funcionar como “equipo”, algo que nos recuerda con frialdad sanguinaria Robert de Niro en “Los Intocables”.

¿Cuántos dirigentes deportivos con suficiente preparación tenemos a mano? Son tan pocos que es necesario juntarlos para poder conseguir un buen funcionamiento.

No es dificil realizar una evaluación para fijar a los de mayor utilidad. Julio Rocha ha tomado oportunidades que él mismo se ha fabricado, para evolucionar y conseguir trabajos en los engranajes regionales tanto por el COI como por la FIFA. Luego, hay que contar con él.

Emmett Lang, como lo hemos recordado, fue presidente de Feniba, del CON y Ministro de Deportes, en tanto Marlon Torres comenzó a cultivarse desde que se inventó el Instituto en 1979, y Félix Correa de tiempo completo en el CON, ha realizado una serie de estudios en busca de desarrollarse. La experiencia de Carlos García no puede ser subestimada; tiene su valor a la orilla de un largo curriculum, quizás irrepetible y reto para las nuevas generaciones de dirigentes.

Ahí tenemos cinco pilares, más gente de las Federaciones que han logrado destacar encima de las limitaciones y que deben ser sometidas a objetivas evaluaciones para contar con ellos.

Todos saben ¿quién es quién? en un vecindario como el nuestro. Así que no hay cómo enredarse al momento de fijar miradas. Pero no queremos trabajar juntos porque hay compañías que incomodan, como si lo que está en juego fuera nuestro futuro en lo particular, no el de una gestión que interesa al país en lo general, como es la del deporte.

Hay material humano para formar un buen equipo de trabajo, pero es necesario pensar como país. Sólo así podremos salir a flote y crecer, pero preferimos hacernos “los suecos” y conspirar contra lo que debería interesarnos.

No hay duda, siempre hemos sido pequeños, como diría Monterroso.