Edgard Tijerino
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Alguien que iluminó el béisbol con la intensidad y espectacularidad de sus brillantes ejecutorias a lo largo de 21 temporadas, Cal Ripken Jr., está por aterrizar entre nosotros. El pelotero que tumbó una marca considerada por largo tiempo como imposible de ser arañada, como lo eran los 2130 juegos consecutivos de Lou Gehrig, estirándola hasta 2632, estará trabajando unos días con entrenadores pinoleros.

Antes de Ripken, de acuerdo a mi carcomida memoria y mis amarillentos apuntes, hemos visto pasar a diez miembros del Salón de la Fama, lista encabezada por el bateador de 660 jonrones Willie Mays, lo suficientemente “pontificado” en las valoraciones de los expertos, inquilino del Salón desde 1979. El integrante del line-up de la fantasía vino a jugar con sus Estrellas en la recta final de los años 50, cuando el Estadio todavía no cojeaba ni sangraba como ahora.

El número dos entre los vistos por aquí, que pertenece a “la aristocracia” de las Mayores, es Joe DiMaggio, “El Clipper”, quien estuvo en el cajón de bateo inaugurando la nueva etapa del béisbol amateur casero en 1970, invitado por Carlos García. El fulgurante pelotero entró a Cooperstown en 1955.

Detrás, como número tres, tengo al boricua Roberto Clemente, a quien vimos en acción con el uniforme de los Senadores de San Juan en la Serie Interamericana realizada en 1964 y ganada por el Cinco Estrellas. Más adelante, en 1972, compartimos momentos inolvidables con él cuando funcionó como manager de Puerto Rico.

Recientemente estuvo Rod Carew, un excepcional panameño ganador de siete cetros de bateo, que resultó una fácil escogencia para Cooperstown en 1991. Sería cuarto en nuestro ranking imaginario.

Sigamos. ¿Qué les parece el lanzador de meteoros Bob Feller como número cinco? El derecho de los Indios, único tirador que ha trabajado un “no hitter” en jornada inaugural, ingresó al Salón en 1962 y vino a Nicaragua junto con DiMaggio en 1970.

Ozzie Smith, un fabricante de magia en las paradas cortas con los Cardenales de San Luis, con su suite en Cooperstown desde 2002, y quien jugó contra la Selección durante la gira por Taiwan en 1976, puede ser colocado como número seis.

Ese feroz desforrador de pelotas que fue Ralph Kinner, bateador de 369 jonrones con dos temporadas sobre los 50 y una de 47, estuvo junto con Sam MacDowell, invitado también por Carlos García, inaugurando la temporada de 1971. Kinner brilla en la Catedral desde 1975.

Otro boricua, Orlando “Peruchín” Cepeda, jugó en nuestro estadio con aquellos Senadores de San Juan del 64 y más adelante, ya retirado, impartió unas clínicas. Se metió a Cooperstown con un boleto del Comité de Veteranos en 1999.

Y los dos últimos, los números 9 y 10, el pitcher Ferguson Jenkins (1991), quien militó en la vieja etapa de la pelota profesional, y Monte Irvin (1973), presente en la inauguración de la Liga de la Feniba en 1973.

Ahora esperamos por Ripken Jr, a quien colocaríamos como cuarto en la lista detrás de Clemente, por sus dos títulos como Más Valioso, ser Novato del Año y tumbar a Gehrig.