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La última vez que Manny Pacquiao estuvo a la orilla del éxtasis, fue antes de ser derribado en forma escalofriante por el brutal golpe disparado por Juan Manuel Márquez el 8 de diciembre del 2012. Antes de esa cercanía con la muerte, Pacman estaba construyendo con firmeza y destreza, un trabajo magistral de sometimiento, que parecía conducirlo hacia una grandiosa victoria, después de haber perdido una cuestionable decisión con Timothy Bradley, que lo dejó masticando amargura.

Su pelea victoriosa con Brandon Ríos, no fue lo suficientemente estimulante, y el obligado segundo enfrentamiento con Bradley, ofrecía la posibilidad de despejar dudas y poder revalorarlo de cara a un futuro, que a los 35 años, tiene que ser precipitado.

SOMBRAS NADA MÁS

Zigzagueando entre las sombras de su brillante pasado, Pacquiao respondió con una demostración de superioridad, apoderándose de las riendas del combate después del sexto asalto, haciendo desaparecer del cuadrilátero, lo mejor mostrado por Bradley, como lo fue ese atrevido despegue de pelea, y el golpeo potente y certero del cuarto asalto, cuando el filipino evitó caer en un alarde de recuperación de equilibrio, que le hubiera merecido una ovación en el Circo del Sol.

Bradley mantuvo el pie en el acelerador en el quinto asalto, y tuvo que resignarse a un emparejamiento en mi tarjeta en el sexto. Después, fue ocultado por el accionar de Manny hasta ser casi inutilizado.

Naturalmente, no es el mismo “Pacman” que llenaba la vista provocando deslumbramiento aún en peleas terriblemente complicadas, pero pese a ser visto disfuso, se sintió galvanizado, plenamente satisfecho, reivindicado, incluso sin percatarse del corte que necesitó 32 puntadas en su frente, consecuencia de un cabezazo de Bradley en el último asalto, con todo consumado. ¡Que importaba ese corte, y el sudor y la sangre, si estabas abrazándote nuevamente con el éxtasis sin haber protagonizado una gran pelea!

LEJOS DE MAYWEATHER

¿Qué tan cerca del conocido y glorificado Manny lo vimos? A esta altura, con las inevitables huellas del desgaste carcomiéndolo más allá de los esfuerzos que realiza, ese Pacquiao no regresará. Ha ocurrido con todos los grandes, desde Robinson. Así que no lo imaginemos cerca de Floyd Mayweather. Esa pelea podría hacerse por dinero, pero no por ser intrigante. Hay un océano de distancia entre las habilidades, sostenimiento de ritmo, precisión en el golpeo y consistencia de Bradley, con lo que almacena Floyd.

Rocky Marciano es una de las excepciones de saber retirarse a tiempo. Pacquiao debería conformarse con todo lo histórico que ha hecho y el dinero ganado, pero parece empeñado en seguir tomando riesgos. Podría sobrevivir en el boxeo actual, distante de Mayweather. No va a lucir tan deprimente como Alí con Larry Holmes, pero va a sufrir mucho y dejar una imagen de ángel moldeado por Miguel Angel, quebrado.

*etm@doble-play.com