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La noche del recuerdo de lo que fue y significó para el Barcelona, Tito Vilanova, el equipo azulgrana, otra vez mostrando un fútbol oscurecido, necesitó del apoyo que le proporcionaron dos autogoles del Villareal, para salir de la zona de desastre, borrando un 2-0 en contra, y escapar a la humillación de quedar tan anticipadamente fuera de toda pretensión, con el gol de Messi, que selló una inmerecida victoria 3-2.

Cerró Messi con pena

“Lo justo a veces, por el modo de defenderlo, parece injusto”, decía José Martí, y ayer, por el modo de defenderlo, no pareció, resultó injusto, precisamente cuando el Villareal necesitaba urgentemente de esa victoria, que tomaba forma con el 2-0 de ventaja.

El abrazo imaginario a Vilanova por la vía intangible de un cariño bien cultivado, hubiera sido graficado por un fútbol de cierta brillantez, como el que Pep y Tito enseñaron a utilizar en la época de esplendor y grandeza del Barsa inolvidable, pero solo fue posible ofrecer algunos pequeños destellos, como en el último gol del juego, concretado por Messi después de una elevación de Busquets a Cesc, y bajada de cabeza hacia el agobiado crack, quien marcó haciendo rebotar su remate contra el piso, quebrando el 2-2 regalado por Gabriel y Musacchio, uno con tacón y otro de cabeza, convirtiendo el Estadio del Villareal en una copia del Titanic.

El 2-0 malogrado

Los goles del Villareal fueron estupendos. Esa metida de pelota realizada por Pereira, la llegada oportuna de Cani y su fría definición, estableció el 1-0 en el minuto 45, y el golpe de cabeza de Manu Trigueros entrando al área para interceptar el centro de Aquino, clavando el balón junto al poste derecho de Pinto en el 54, le permitieron al Villarreal acariciar la proeza.

Pero, el sueño cada vez más real, fue “acuchillado” por dos fallas defensivas, y remató Messi. Un Barsa sonámbulo, está con vida.