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No sé si algún día, cuando el fogoso y destructivo Cristiano Ronaldo lleve a su hijo a conocer el hielo, será un referente de la “Casa Blanca” con la inmensidad y el significado que alcanzó Alfredo Di Stéfano, quien, como si fuera un Alejandro o un Julio César, impulsó al Real Madrid a la conquista de cinco Copas de Europa en forma consecutiva entre 1956 y 1960, dejando huellas imperecederas, confirmando lo que dice Carlos Fuentes, que no puede existir presente vivo con pasado muerto; y aquel Di Stéfano fuera de serie estará siempre ahí, en cada nuevo amanecer del Real Madrid.
¡Cómo sufrió el Real para concretar la hazaña con un grito salido del alma! Desde aquella victoria por 2-1 sobre el Leverkusen con el zurdazo de Zidane en el 2002, y la presencia de Figo, Raúl, Roberto Carlos, Guti, Helguera, Morientes, Solari y McManaman, con la dirección de Del Bosque, el Real Madrid había estado intentando la décima año tras año, sin poder lograrlo. La obsesión alcanzó su punto de ebullición en la era Mourinho con fabulosas contrataciones, pero tampoco se pudo. Fue necesario esperar por el sobrio Carlo Ancelotti para hacerlo posible.
Un final de alarido
Permanecer atrás 1-0 durante tanto tiempo por el gol de cabeza que dibujó Godín en cámara lenta ante la desesperación de Casillas, culpable de esa salida descontrolada, fue una interminable tortura. Los cinco minutos de alargue estiraban la agonía, pero al mismo tiempo abrieron espacio a la esperanza de algo milagroso, y eso ocurrió cuando las luces estaban por apagarse en Lisboa, con el largo trazado de Modric y el cabezazo de Ramos a la orilla del poste izquierdo.
Ese gol, que estableció el 1-1, evitando la muerte, terminó de agigantar al Real, que hizo valer su poderío físico, fiereza y voracidad, para apretar al valiente Atlético, desinflar sus pulmones, aflojar sus piernas y detener su corazón. El remate de Di María completado por el empuje de cabeza de Bale, el disparo rasante de Marcelo que retorció a Courtois, y el penal a Cristiano, cobrado con nitidez, como la caída de una cuchilla, todo eso en apenas cinco minutos, sellaron el 4-1 que garantizó la décima Champions.
Las cinco consecutivas
Cuenta la leyenda que la primera Copa de Europa conseguida por el Real, en 1956, fue precisamente cuando se puso en marcha el torneo, con victoria por 4-3 sobre el Stade de Reims, francés, en el Parque de los Príncipes en París. El Real estuvo atrás 0-2 por goles de Leblond y Templin, pero Di Stéfano recortó y Héctor Rial empató 2-2 antes del descanso. El fenomenal Kopa adelantó al Reims 3-2, y el Real respondió con goles de “Marquitos” y de Rial, para adueñarse del primer trofeo en disputa.
En 1957, incorporado Kopa en el plantel blanco, con un penal cobrado por Di Stéfano y una magistral “pincelada” de Gento, el Real doblegó 2-0 en la final al Fiorentina, para obtener su segundo trofeo; en tanto en 1958, con un dramático gol de Gento, decidió 3-2 una batalla con el Milán, aderezada con goles de Di Stéfano y Rial; y en 1959, con Puskas como agregado, se alargó a cuatro la racha, liquidando 2-0 al Stade de Reims con estocadas asestadas por Mateos y Di Stéfano, quien anotaba en su cuarta final consecutiva.
La quinta fue obtenida en 1960 goleando 7-3 al Eintracht de Frankfurt, con cuatro goles de Puskas y tres de Di Stéfano, quien estrelló dos disparos en los postes durante el más impresionante alarde ofensivo desplegado por un equipo en la conquista de una Copa de Europa.
Pausa y retorno
La inspiración y el dominio se cortaron, y el Real esperó hasta 1966 para tomar su sexta Copa, imponiéndose 2-1 al Patirzan en Belgrado, sin Di Stéfano, pero con Puskas, con Amancio, el insistente Gento, “Pirri”, Serena y Grosso. El Patirzan se adelantó con cabezazo de Vasovic, pero goles de Amancio y Serena voltearon la pizarra.
Entre una serie de inconvenientes, el Real se olvidó por años de ganar la séptima, mientras el Bayern y el Ajax obtenían tres consecutivas cada uno, y el Milan aparecía en escena sumando títulos hasta llegar a los siete que tiene. En 1998, es decir 32 años después, el Real recuperó la Copa coronándose por séptima vez, derrotando 1-0 al Juventus con gol de Mijatovic. Tras ganar la octava en el 2000, saltando 3-0 sobre el Valencia con dardos de Morientes, McManaman y Raúl, y la novena en el 2002, superando 2-1 al Leverkusen, se pensó que la décima estaba en la vuelta de la esquina; pero eso ocurrió hasta el sábado en Lisboa, doce años después.
Cinco seguidas como en la época de Di Stéfano es muy difícil en estos tiempos, pero Cristiano Ronaldo, tan formidable como arrogante, puede estar pensando en eso.

* etm@doble-play.com


Datos de la final de la Champions

Los cinco tantos marcados en Lisboa generaron la segunda final con más goles en la historia de la Champions. El resultado más abultado sigue siendo el 3-3 entre Liverpool y Milan en 2005.

Las cuatro dianas del Madrid elevaron su cifra total de goles a 41 en esta campaña. Pero el récord histórico sigue en posesión del Barcelona, con 45 en 1999-2000; este es un nuevo hito para una campaña de 13 partidos, estableciendo una media de 3.15 goles por encuentro.