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La reciente derrota del vicepresidente del Consejo Supremo Electoral, Emmett Lang, en un proceso electoral que, dijo, sería impugnado ante el Ministerio de Gobernación, es sólo el capítulo más reciente de una cultura deportiva influenciada por la cultura política nacional con elementos criticables como el personalismo, clientelismo, continuismo, la exclusión y el afán de controlar todas las instancias posibles.

La intolerancia y abuso de autoridad fueron inauguradas por el general Anastasio Somoza García, quien en 1947 echó del dogout al manager de un equipo que se suponía estaba para ganar el Campeonato Mundial y a duras penas vencía a sus pares centroamericanos. El pobre de Juan Ealo se fue por el portón trasero y el general se puso la gorra de coach. Ni eso evitó la debacle de aquel equipo, recordado por haber inaugurado el Estadio Nacional que ahora está en ruinas.

La tradición ha sido continuada por el señor Carlos García Solórzano, sempiterno Presidente de la Federación Nicaragüense de Béisbol, Feniba. Aunque su último destello de gloria ocurrió en 1994, García sigue probando ser capaz de realizar la acción adecuada en los momentos apremiantes, de dividir a sus adversarios y de aparecer en el escenario como el gran negociador de las cada vez más frecuentes crisis de nuestro béisbol.

De la mano de cierta prensa, García se erigió en el indispensable hombre del béisbol. Siempre se argumentaba que lo era por su capacidad de negociar con el gobierno (de los hermanos Somoza Debayle), y por las relaciones que había desarrollado a nivel internacional. Eso pudo haber sido cierto hace rato. Sin embargo, sigue al frente de un sistema cada vez menos pertinente.

¿Cómo se explica esta proeza de sobrevivencia? Administrando la verdad, las crisis internas a veces provocadas por él mismo y los procesos electorales a conveniencia. Su movida más reciente ha sido plegarse a la idea gubernamental de desenterrar los torneos “Germán Pomares Ordóñez”. De esta manera, sigue administrando los sellos de la Feniba.

Pero antes tuvo iniciativas que derivaron en anécdotas. Por ejemplo, “El club de los 21”. Éste era un grupo de cronistas y funcionarios deportivos que originalmente tuvo 21 elementos, y que fue invitado por García a inicios de los años noventa, para observar los entrenamientos de clubes de béisbol de las Grandes Ligas estadounidenses. El club, que formalmente nunca fue inaugurado, viajaba cada uno de los años que Carlos García fue el Director del Instituto Nicaragüense de Deportes.

Otra es no haberle dado importancia a su rol como Secretario del Comité Olímpico Nacional en los años noventa, cuando él quiso ser Presidente de dicha institución pero los sandinistas le cercaron el paso. Ni siquiera lo invitaban a las sesiones consideradas importantes. Él entonces se dedicaba a su labor gubernamental en el IND y en la Feniba.

Algunos cronistas piensan que sólo el tiempo se encargará de remover a Carlos García del escenario deportivo nacional. A lo mejor. Sobrevivió a los Somoza Debayle, a la FIBA, a la Liga Esperanza y Reconstrucción, a la revolución sandinista, a la Liga Profesional de hace poco, y sigue al frente del deteriorado barco. Pero su principal logro será haberse convertido en el referente obligado del béisbol nicaragüense de casi medio siglo.

Al frente a cualquier costo
¿Se acuerdan del doctor Francisco Zambrano? Ponderado como un hombre útil para el baloncesto, en cierto momento este médico prefirió el manejo personalizado de la legalidad en desmedro de la legitimidad. Modificó los estatutos cada vez que lo consideró necesario, para permanecer al frente de la Fenibal. Por años dividió al baloncesto, al que obligó a refugiarse en un parque acosado por rateros. El daño al poco baloncesto fue tal que todavía no se ha logrado recuperar el nivel que se alcanzó en los 70.

Todavía recuerdo las discusiones del doctor Zambrano en cuanta radio le era posible visitar, reglamentos y estatutos en mano, para probar que la razón del baloncesto la tenía él. Y la razón era que él decidía quién formaba parte del Comité Electoral y quién podía participar en las elecciones. Durante cierto tiempo dio la casualidad que la mayoría de votantes eran sus aliados.

Nuestro voleibol, tan pequeño, en cierto momento tuvo dos dirigencias. Y ambas alegaban tener la razón. Ni las elecciones pudieron conciliar las diferencias y Juan Cruz terminó aferrándose al apoyo de Emmett Lang, quien en cierto momento fue a la vez Presidente de Feniba, Director del Instituto Nicaragüense de Deportes y del Comité Olímpico Nacional. Por cierto, Cruz era uno de los votantes de Lang en esos momentos. El resultado es que el voleibol nica pasó de pelear el podio en el Istmo a buscar cómo alcanzar a los demás, a pesar de los buenos esfuerzos del veterano René Quintana y de la nueva generación de entrenadores.

El Atletismo, del que cada vez se sabe menos, también ha sufrido sus bemoles. En cierto momento nadie quería ser dirigente, y luego, cuando un grupo se sumó para reactivar la Federación, hubo señalamientos de inoperancia, irregularidades y hasta corrupción. Sólo María Antonieta Ocón sobrevive de esa generación. A ella también le han criticado en distintas ocasiones por cómo se administra la instancia que preside. Uno de los momentos álgidos han sido las elecciones.

Lo más notorio de este deporte ocurrió hace poco en Pekín. Una joven pesista alegó públicamente que su bajo rendimiento obedecía a la falta de atención de su entrenadora, la que, según la atleta, estuvo dedicada a festejar su periplo por la China. Luego de varios días de escándalo a la joven la convencieron para que también públicamente se retractara por lo dicho.

¡Ah! Ese viaje también es recordado por dos motivos más. Se repitió el hecho de que hubo muchos más delegados que atletas, y por primera vez el portador del estandarte nacional no fue un atleta de la delegación. El presidente Daniel Ortega convenció al ingeniero Julio Rocha, Presidente del CON, de la conveniencia de elegir para ese honor al ex campeón de boxeo Alexis Argüello, el candidato oficialista para la Alcaldía de Managua. Así que Alexis tuvo que viajar a China, y su imagen fue trasmitida por la televisión mundial.

¿CON, con… qué?
El coronel Adonis Porras fue el primer Presidente del Comité Olímpico Nacional. El coronel Emmett Lang ha sido el penúltimo, hace doce años. Entre coronel somocista y coronel sandinista el mundo olímpico ha avanzado como de aquí a la Luna mientras Nicaragua intenta superar ¡lo que avanzó hace cuarenta años!
Entre uno y otro ha habido elecciones cuestionables. Tal vez las dos más recordadas sean las que dieron como ganador al ingeniero Julio Rocha frente a Carlos García, y la reciente, que ganó nuevamente Rocha contra su antiguo mentor Emmett Lang.

Carlos García llegó en busca de “la triple corona”. Era Presidente de Feniba y Director del Instituto de Juventud y Deportes. El bloque opositor era liderado por dirigentes de los años revolucionarios, quienes propusieron al ingeniero Julio Rocha, a la sazón Presidente de la Federación Nicaragüense de Fútbol, Fenifut. La idea era demoler lo que quedaba de las aspiraciones de Carlos García de llegar a ese puesto.

Eso fue hace doce años. Desde entonces Rocha ha ganado la reelección cada cuatro años. Lo que no se imaginó Emmett Lang es que las maniobras, tantas veces reiteradas en el movimiento deportivo nacional, serían un boomerang para sus aspiraciones de retornar al trono deportivo. Lang ha dicho lo mismo que hace doce años dijo el bando de Carlos García, que el proceso electoral del que salió derrotado fue irregular e impugnable por la manera cómo se torcieron el marco legal y el padrón electoral.

Todo ese recorrido para mantener incólumes el personalismo, clientelismo, continuismo, la exclusión y el afán de controlar todas las instancias posibles. Al costo que sea necesario. El deporte vendrá después.