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Finalizó Roland Garros y en su rojiza cancha de arcilla, quedan las huellas profundas humedecidas por el sudor que siempre derrocha ese guerrero cuyo corazón se hincha al ritmo de los golpes de su mortífera raqueta, que es Rafael Nadal. Su victoria por 3-6, 7-5, 6-2 y 6-4, después de robarle la inspiración, las energías y el sueño de ganar por vez primera ese Slam, al dificilísimo serbio Novak Djokovic, confirmar por novena vez, su indiscutida superioridad en esa superficie que exige una cuota extra de oxígeno para sobrevivir a batallas epopéyicas, como las del Peloponeso.

Matando un tigre

Como diría Rubén, el español lució como un soberbio y fuerte ejemplar de su raza, domando caballos, matando tigres y sometiendo a un feroz adversario como siempre lo ha sido Djokovic. Logrando su título 14 en torneos Grand Slam, abrazándose con Pete Sampras, el bravo Nadal parecía un Alejandro-Nabucodonosor.

¡Cómo incide la garra! Y en esa asignatura, Nadal puede ser considerado sin temor, el mejor de todos los tiempos. Vale la pena verlo fajarse, sobre todo desde atrás, saliendo de las dificultades. Perdió el primer set 6-3 al ser quebrado su servicio en desventaja de 4-3, con Djokovic rematando implacablemente. En ese momento, su futuro se veía tan borroso como una sombra en la niebla, pero encontró un farol, iluminó el camino, enderezó su juego, y se impuso 7-5 cerrando con un quiebre de ribetes espectaculares, lanzando una clara advertencia al serbio.

Sigue siendo el rey

La importancia del tercer set era tan obvia como la cercanía del anochecer en París. Tomar ventaja garantizaba tener las riendas en mano, ser más agresivo cobijado por la confianza y, por supuesto, más preciso, como lo fue Doc Holliday en el viejo oeste. Y Nadal estuvo inmenso en su despliegue físico, trazado de diagonales, respuestas casi inverosímiles desde las profundidades, llegadas a la red y utilización de su primer servicio, en contraste con Djokovic, que no pudo sostenerse cediendo el set 5-7, y quedando expuesto.

El 6-2 asestado por Nadal en el tercer set, dio la impresión de desfondar a Djokovic, pero el serbio saltó por un rato desde el quinto círculo del infierno que nos dibuja Dante y se mostró en pie de guerra forzando ese 4-4 inyectado de un suspenso tan espeso, solo para ser superado por el alarde de consistencia del Rey de la Arcilla, negándose a abdicar.

 

9 títulos suma Nadal en Roland Garros.