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Puedes hacerle swing y pegarle en la nariz, incluso a una inquieta avispa que zumba distorsionando su vuelo, pero no puedes hacerlo con un cáncer de la glándula salival, avanzando a 100 millas mientras taladra tus energías, hasta doblarte por completo. Lo descubrió Tony Gwynn durante una tenaz batalla por sobrevivir. Un indomable en el cajón de bateo, murió ayer, dejando huellas imperecederas en el béisbol.

Cuando en el nivel del béisbol más exigente del planeta, el destructivo pitcheo enemigo no puede evitar que un bateador se eleve encima de los 350 puntos por siete temporadas, incluyendo cinco consecutivas, el calificativo de “indomable”, está aplicado con la precisión de un swing producido por la maquinaria de un reloj suizo.

Tony Gwynn, un bateador zurdo de 5 pies 11 pulgadas, próximo a las 200 libras, que debutó en 1982 y permaneció por siempre con los Padres de San Diego, obligado a retirarse después de la campaña del 2001 víctima de una serie de problemas musculares y del natural deslizamiento hacia el declive.

Salón de la Fama

El 9 de enero del 2007, Tony Gwynn, un “científico” del bateo, capaz de trabajar tantas horas extra en un laboratorio como los esposos Curie, buscando el antídoto para los diferentes trucos del pitcheo, abrió las puertas de Cooperstown, abrazado a Cal Ripken.

Se recuerda que Gwynn se estableció rápida y convincentemente como un bateador de asombrosa habilidad. Él supo utilizar el estudio de los vídeos, convirtiéndose en un observador permanente de todos los movimientos, en un analista profundo y eficiente, y en un autocrítico sometido con la mayor de las exigencias a sus propias correcciones.

Fue un ganador de ocho cetros de bateo, igual que Honus Wagner y solo superado por los doce del fabuloso Ty Cobb. El formidable Gwynn se caracterizó por ser un verdugo del cerebral tirador derecho de múltiples variables Greg Maddux, quien obtuvo cuatro Premios Cy Young.

Cinco campañas de 200

En 1994, antes que la huelga paralizara el béisbol, Gwynn mantenía a los expertos rascándose la cabeza, pendientes de cada uno de sus turnos al bate, mientras registraba 394 puntos con seis semanas por delante. Acariciaba el artillero, como lo hicieron Rod Carew en 1977 y George Brett en 1980, la dificilísima posibilidad de ser el primer cuatrocientista desde Ted Williams en 1941. No pudo serlo.

A lo largo de 20 temporadas entre 1982 y el 2001, avanzando de los 22 a los 41 años de edad, Gwynn conectó 3,141 imparables en 9,288 veces al bate para sellar su carrera con un promedio de 328 puntos. Cinco temporadas disparando más de 200 hits, con un máximo de 220 en 1997, le dieron un mayor brillo a sus ocho cetros de bateo.

Descanse en paz y con gloria.

.338 bateó Tony Gwynn en su carrera con los Padres de San Diego, en las Grandes Ligas.