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Si te llaman la atención dos veces por el mismo error, es imperdonable, decía mi padre; y si lo cometes una tercera vez, es una torpeza. De eso debería estar claro el excelente jugador uruguayo Luis Suárez, quien por su fogosidad y suma de habilidades, “rima” en cualquier delantera del planeta, pero con un inconveniente: tiene una extraña inclinación para agredir rivales, mordiéndolos.

Considerado un “doberman” en la cancha por su olfato, determinación y capacidad para hacer estragos en la defensa contraria, Suárez lo fue súbitamente saltando encima de lo metafórico, mordiendo realmente en una acción inexplicable al italiano Giorgio Chiellini, como ya lo había hecho otras dos veces, recibiendo sanciones de siete y diez juegos.

SALVAJISMO PURO

Cuando Suárez, sin medir la gravedad del hecho, “explica” que “son cosas que pasan dentro de la cancha”, muestra su irreflexión y, como diría mi padre, su torpeza en lo humano. Si se tratara de alguien interesado en aplicar modificaciones frente al escándalo provocado, Suárez cambiaría una buena parte de su destreza y habilidad como futbolista, por unos gramos de prudencia sobre los impulsos revestidos de salvajismo puro, y de sabiduría sobre el comportamiento adecuado.

Ese alarde de descaro, cuando cambiando de dirección mientras se abordaba el tema, dijo “estoy satisfecho por la clasificación”, lo hizo lucir tan grotesco como en el momento de morder el hombro de Chiellini, que fue al mismo tiempo un mordisco a la Copa del Mundo, algo que exige máxima seriedad por parte de la FIFA, porque todas las miradas están sobre este evento.

¿Y LA HONESTIDAD?

Peor fue ver cómo ejecutivos del deporte uruguayo, preocupados por perder a Suárez, intentaban justificar el hecho, recortando su real dimensión. ¿Cómo es posible que se tire la honestidad al cesto de la basura en momentos como este, en busca de grandeza deportiva? Ese tipo de actitudes se grafican en el famoso tango “Cambalache”, al señalar que “el mundo en que vivimos es una porquería”.

“Se exageró el hecho”, dijeron los de la Federación uruguaya. Y escuché a cronistas de ESPN, uno de ellos uruguayo, muy competente por cierto, en la misma línea. ¡Qué falta de responsabilidad sin ser Suárez, pero estar próximo, porque con actitudes distorsionadas, se muerde a la sociedad!

UN VAMPIRO EN SERIE

Mientras Uruguay calienta para enfrentarse el sábado a Colombia, que seguramente solicitará que sus defensas utilicen máscaras de hierro, la FIFA dice estar sometiendo a investigación el caso Suárez, quizás considerándolo una estrella necesaria en el firmamento de esta Copa, sin importar lo dañino que es el uruguayo como mal ejemplo.

La repulsión hacia el jugador llamado en las redes sociales “Vampiro en serie”, supera cualquier reconocimiento a sus virtudes como futbolista. Una cosa es patear el balón, y otra, muy diferente, morder al deporte, a la Copa y, por supuesto, a millones de televidentes, dejando un terrible mal sabor.