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Ahí estaba Cal Ripken, al otro lado de la mesa, frente a nosotros, con esa sencillez que siempre lo ha acompañado, mostrando esa mirada brillante y esa sonrisa con el trazo inconfundible de la picardía, como una de esas estatuas que pueden verse en el Palacio de los Césares en Las Vegas, capaces de moverse y sorprender hablando.

Lo siento Cal, no existe tanta humildad que pueda ocultar lo grandioso que fuiste. Ni con una cabeza despoblada, ni tratando de restarle significado a todo lo que has hecho, ni con esa camaradería llamativa, ni recortando tus 6 pies y 4 pulgadas de elevación.

“Es un honor estar aquí con ustedes”, nos dijo, agregando “lamento no haber aprendido un poco de español cuando jugué en Puerto Rico para comunicarme mejor”. Luego, se mostró de cuerpo entero, diciendo: “Hoy recibí otro baño de humildad. Cuando veníamos hacia la Embajada, observé que todos conocían a Denis, lo saludaban y le preguntaban mientras yo permanecía en la sombra. Era él quien importaba”.

Previamente, hablando sobre Ripken, el gran pitcher nicaragüense expresó: “En momentos como éste, acompañando a un pelotero tan emblemático, uno es atrapado por la admiración y el orgullo. Para mí, es un privilegio estar aquí con Cal Ripken”.

Las preguntas fueron limitadas a un total de 15 minutos, y vimos como Ripken disfrutó ese interrogatorio. Siempre es así. Incluso durante su persecución de la racha, lo vi en Cleveland entregarse con cariño a un cambio de impresión de casi 40 minutos con una batería de periodistas en el dogout de los Orioles.

“Yo amo este juego desde muy niño. Y si quise jugar todos los días, es porque sentía una gran pasión en hacerlo, no por alcanzar una marca. No fue mi intención superar la cifra de 2130 en poder de Gehrig, simplemente quería jugar siempre. Para eso estaba en uniforme todos los días dispuesto a jugar”, manifestó moviendo sus manos como un presentador de televisión, inyectándole vida a la estatua.

¿Siente que con su esfuerzo por superar la marca, salvó al béisbol en 1995, después de la huelga de 1994 por intereses económicos encontrados?, se le preguntó.

“Mi papel por recuperar la alegría en el béisbol, fue pequeño, pero me siento orgulloso. No me siento salvador del béisbol, sólo un contribuyente más. Si la persecución del récord fue un eje que se podía tomar en aquellos momentos, que bueno”.

Refiriéndose a su salida del line-up para el juego del 20 de septiembre de 1998 contra los Yanquis, explicó: “Yo podía seguir jugando, pero tomé la decisión con la asesoría de mi esposa. Ella me dijo, tienes que agradecerle a esta gente y debes hacerlo aquí en Baltimore, no en otro lado. Así que no jugué el último juego de esa serie”.

El día anterior, Ripken se fue de 4-0 contra David Cone con ponche en su último turno. Había estado en 2632 juegos consecutivos, demasiados para cualquiera de los robots de alta tecnología que los alemanes fabrican en Berlín.


Hoy comienzan las clínicas en Granada. “Aprovechen”, dijo Denis Martínez.


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