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Dice Vargas Llosa en su libro “La verdad de las mentiras”, que el regreso a la realidad es siempre un empobrecimiento brutal, la comprobación de que somos menos de lo que pensamos o soñamos.

Ahí tenemos a España, eliminada por desangre en sus dos primeros partidos, pidiéndole todavía inspiraciones a su ataúd de cara al futuro súbitamente borroso. El equipo campeón de Sudáfrica, considerado favorito para ganar su grupo y defender bravamente su corona, fue goleado 5-1 por Holanda y rematado por Chile que lo derrotó 2-0 enviándolo de regreso a casa. Ese fue el primer impacto brutal en una Copa del Mundo tan abierta a los imprevistos. ¿Quién iba a sospechar ver a España deshilachada en sus pretensiones tan rápidamente?

EL MILAGRO TICO

A partir de ese momento lo inesperado estuvo saltando al escenario puñal en mano y acuchillando los análisis más fundamentados. Era obvio considerar a Costa Rica como un potencial “cadáver” en el llamado “Grupo de la Muerte” entre tres equipos ganadores de siete Copas, como Italia, Inglaterra y Uruguay. Pero Costa Rica terminó invicta en un alarde de eficacia, y avanzó a octavos como líder después de imponerse 3-1 a Uruguay, 1-0 a Italia, y empatar 0-0 con Inglaterra. Y continuó, derrotando a Grecia por penales, antes de caer frente a Holanda por la misma vía, después de sostener un 0-0 en 120 minutos.

EL GOL NICA

La pregunta ¿cuándo veremos un gol nica en una Copa?, parecía tan disparatada como aquella de ¿cómo nos alumbraríamos cuando se le acaben las baterías al Sol?, pero el joven de Catarina, Oscar Duarte, zaguero de la sorprendente Selección de Costa Rica, con un cabezazo en zambullida contra Uruguay, sacudió las redes y estremeció a nuestro país aferrado a sus raíces. Un gol con sabor a pinol en una Copa del Mundo. ¿Se imaginan eso?

EL MEJOR JUEGO

Nunca se espera ver lo mejor, muy temprano. Pero eso fue lo que ocurrió. El 14 de julio, Italia venció a Inglaterra 2-1 en un duelo trepidante, bien jugado, con acción en las dos áreas y el público de pie. El tiempo fue pasando en busca de un partido aproximado en calidad, y no fue visto. Se aproximaron el vibrante 2-2 entre Alemania y Ghana, y la final entre Alemania y Argentina, pero en general, los buenos duelos fueron escasos, no así los emotivos.

EL GRAN CONTRASTE

Cuántas veces escuchamos: Por favor, cierren sus ojos cada vez que el equipo argentino sea atacado, porque habrá peligro de derrumbe. Parecía una certeza y fue otra falsedad. Después de la fase de grupos, Argentina no volvió a permitir goles hasta el minuto 113 de la final, con la protección de una defensa que hubiese evitado la derrota de Aníbal en Zama. Y cuántas veces escuchamos: Hacerle goles a Brasil será una misión casi imposible. Con Marcelo y Danny Alves por los laterales, más la suma de esfuerzos de David Luiz y Thiago Silva por el centro, Brasil parecía estar blindado, pero el ataque alemán no se enteró de eso, acribillando con siete goles a esa defensa que se reforzó con Maicon, en una paliza de proporciones catastróficas que casi destroza la Copa.

JUEGO SUCIO

Será la Copa del juego limpio, dijo el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, al ponerse en marcha el certamen. No estoy seguro de si la frecuencia de faltas fue de una por minuto, o si la cantidad de tarjetas ocultas fue un récord, pero algunos atropellos como el de Camilo Zúñiga a Neymar, lesionándolo, dejaron huellas, así como el insólito mordisco del uruguayo Luis Suárez al italiano Chiellini, que también descarriló al presidente Mujica. ¿Un mordisco en una Copa? Pueden creerlo.

EL BAJÓN DE MESSI

Existía la posibilidad de ver “El Mundial de Messi”. Se dijo una y otra vez. Era la oportunidad de su vida. Incluso se llegó a pensar que su bajón de voltaje con el Barcelona era para cuidarse en busca de un gran Mundial. Falsa consideración. Aun cuando Messi empujó a Argentina con cuatro goles y una asistencia de oro en los primeros cuatro juegos, nunca fue el Messi resplandeciente que conocimos. Decreció más en el cierre, y la FIFA lo expuso a críticas mordaces otorgándole el Balón de Oro, en forma de burla cruel.

EL BRILLO DE JAMES

En busca del campeón goleador al levantarse el telón, todos los reflectores fueron hacia Neymar, Cristiano, Messi, Müller y Robben. Otra falla. El goleador no estaba entre los “monstruos”. Fue James Rodríguez, un chavalo colombiano que deslumbró con su juego, utilizando apropiadamente en esta Copa para graduarse con seis dardos.

Al final, lo único cien por ciento cierto, fue el favoritismo previo de Alemania. El mejor equipo al revés y al derecho, de la cabeza a los pies, de día y de noche.