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La segunda parte de “El Padrino” se llevó a cabo como consecuencia del éxito de la primera. Y la tercera tampoco fue por casualidad: Francis Ford Coppola se arruinó con el caro experimento en que se convirtió “Corazonada” y tuvo que volver a la saga de Mario Puzo para pagar deudas. Si a muchos no les pareció haber visto al mejor Messi, será por algo. Se suele analizar el fútbol a partir de la actuación individual, pero se llegaría más hondo si se reflexionara sobre las decisiones que afectan al colectivo: todo viene de algún lado.

La primera premisa que hay que recordar es que Leo Messi se hizo grande cuando Pep Guardiola, y también Tito Vilanova, lo colocaron a veinte metros de la portería contraria. Segundo: corre más o menos lo mismo ahora (8.15 kilómetros en el Mundial) que, por ejemplo, en la Champions de la temporada 2012-13 (8.22). Otras estadísticas muestran también que Leo recibe menos balones de sus compañeros en el último año, tanto en el Barcelona como en la selección, que en los cinco años de Pep/Tito.

Sabella cambió

Es bien sabido que Alejandro Sabella cambió la formación del equipo en Barranquilla, donde Argentina ganó a Colombia cuando más lo necesitaba y tras darle la vuelta al marcador. Era noviembre de 2011 y desde entonces se prefirió el 4-3-3 con los tres nueves arriba (Higuaín, Kun Agüero y Messi). A partir de ahí la selección resolvió los partidos de clasificación para el Mundial con facilidad: incluidos un 4-0 contra Ecuador, un global 8-3 contra Paraguay, un 3-0 contra Uruguay, o un 1-2 contra Chile.

En Brasil, tras la primera parte contra Bosnia, un encuentro iniciado con cinco defensores, Sabella y Leo Messi tuvieron una conversación en el vestuario a la que se añadieron otros pesos pesados del equipo, y tras la cual se aceptó cambiar el sistema al habitual 4-3-3.

Pero con cada lesión, Sabella fue tirando el equipo hacia atrás. Leo debía esperar el balón en la mitad de la cancha y, de paso, definir. El asunto le sonaba a la Pulga: con el Tata Martino, tras sus lesiones, Leo se tuvo que retrasar porque el concepto de juego había cambiado y favorecía la contra. Todo empezó a cambiar para él desde ese momento y empezaron a reproducirse los paseos por el campo que tan nerviosos ponen a muchos, y que regresaron en el Mundial.

A 50 metros de la portería contraria es muy complicado marcar. Si además el futbolista está rodeado de defensores, la lógica consecuencia del miedo que crea al rival, la labor se hace más ardua. Pero hay algo más en lo que no ha reparado nadie.

El Barcelona elabora su preparación física a menudo en espacios reducidos, incluidos partidos cortos, para que jugadores como Leo no hagan recorridos largos en busca de las oportunidades de gol. El objetivo es que corra lo menos posible y que sea la pelota la que lo haga. En términos de condición física, las posiciones retrasadas requieren otro tipo de exigencia. Ni Xavi, ni Iniesta, ni Messi, ni Pedro tienen la capacidad física para defender a 50 metros del área y al mismo tiempo llegar con la pelota dominada para marcar en el arco contrario.

Más difícil anotar

Para poder hacerlo hay que tener unos niveles de potencia aeróbica alta para trabajar más sobre el césped y recuperarse muy rápido. En el centro del campo, los esfuerzos son mayores y más repetidos que en la mediapunta o el ataque, donde hay más tiempo para recuperarse de esfuerzos explosivos.

Después es necesario poder mantener la intensidad y la repetición, pero todo eso se ha de entrenar. Si no se tiene esa potencia aeróbica y si se juega muy retrasado, a los 50 minutos el jugador no aguanta. Además hay que añadir que en Brasil la humedad y temperatura altas necesitan de un nivel aeróbico incluso superior que en Europa. Demasiada conjura contra el cuerpo de Messi.

Añadan a todo ello que Leo lleva años trabajando en cada entrenamiento una serie de automatismos diferentes a los que demanda un equipo que juega a la contra, y queda claro que iba a ser difícil que se viera al mejor Messi. Los equipos de Sabella y Martino se han echado atrás para contraatacar y el físico de Messi no está hecho para ese tipo de esfuerzos: más de 45 minutos jugando así le destroza las piernas, y de ahí su insistencia en caminar durante los partidos. De hecho, ‘sprints’ realizados al final de los encuentros ante Irán, Suiza u Holanda sugieren que las fuerzas fueron reservadas para poder hacer daño cuando las defensas están más abiertas.

Volvió a lo mismo

Podría haber estado más acertado. Seguramente podría haber hecho más cuando tenía el balón. Pero lo que no se puede decir es que Argentina trabajó para su lucimiento, o que se explotaron adecuadamente sus características. Las estrellas del Mundial fueron Mascherano, Zabaleta, Demichelis, Biglia… Y así se llegó a la final. Se sacrificó a Messi, a su potencial, en favor de un estilo determinado. Sabella volvió a ser Sabella a partir de cuartos de final y prefirió morir con sus ideas. Y casi gana el Mundial.

El curso que viene, Leo tiene un nuevo reto: el de combinar con Neymar y Luis Suárez. El club insiste en que va a trabajar para que vuelva a ser el de antes. El estilo que Luis Enrique desea aplicar pasa por que la Pulga regrese a posiciones más cercanas al área, detrás de los otros dos delanteros, incluso si eso supone usar tres centrales y/o dos carrileros.


4 goles marcó Messi en el Mundial, pero estuvo distante de la puerta rival.


51.9 kilómetros corrió Messi, 16.4 menos que el alemán Kroos.