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Cuando se trata de los Yanquis, uno piensa en lo grandioso del béisbol, sobre todo en la ofensiva: los “asesinos en fila” de los años 20 y el inicio de los 30, cuando Ruth y Gehrig encabezaban el ataque; los temidos de los 40, primero con Keller, Gordon, Dickey y Crosetti, y después con Berra, Dimaggio, Henrich y Bauer; los destructivos de los 50, con Mantle, Mize, Collins, McDougald y Berra; los mete-miedo de los 60, con Kubek, Maris, Tresh, Howard, Mantle y Pepitone; los revitalizados de los 70, con Reggie, Chambliss, Munson y Nettles; antes de ser solo vistos en el 81 durante la siguiente década, y regresar en los 90, jefeados por Derek Jeter, quien precisamente está jugando sus últimos innings.

Intento fallido

Estos Yanquis del 2014, que después de terminar a 12 juegos del sorprendente Boston el año pasado, fuera de los play offs, pretendían volver a la notoriedad con el impulso que garantizaría el derecho japonés Masahiro Tanaka, la recuperación de carga en el brazo de C. C. Sabathia y una alineación reconstruida con discreción, confiando en el restablecimiento de Mark Teixeira y el aporte que podían ofrecer Jacoby Ellsbury, Carlos Beltrán y Brian McCann, se encuentran sin punch y sin brazos, batallando dramáticamente por permanecer a la orilla de Toronto y no perder de vista a los Orioles en el siempre intrigante sector Este de la Liga Americana. ¿Quién le iba a decir al manager Joe Girardi que su tan estimulante rotación de pitcheo entraría casi completa a la sala de cuidados intensivos a la altura del Juego de Estrellas, con el temor de perder a Tanaka, un ganador de 12 juegos, experto en cortar malas rachas, por el resto de la temporada?

Rotación en escombros

Cada vez que Girardi va a seleccionar un abridor en estos días, se deprime al pensar que Tanaka, Sabathia, Nova y Michael Pineda no pueden ser utilizados, quedando solo Hiroki Kuroda como brazo confiable. Ayer, precisamente, inició Kuroda en la victoria por 3-2 sobre los Rojos de Cincinnati y el lanzallamas cubano Aroldis Chapman.

Con su bateo oculto, mostrando al inagotable veterano japonés Ichiro Suzuki como dueño del mejor promedio registrando .285 puntos, es casi milagroso que los Yanquis se muevan hacia delante con un balance de 50-47, llamando la atención.

No busquen en el line-up yanqui un bateador de .300 puntos, o alguien con 20 y 50 empujadas. La mayor aproximación a un temible es Teixeira, con 17-48, limitado a .231 puntos, mientras Jeter, con .274, está realizando un gran esfuerzo en su última temporada. Beltrán, que comenzó en forma alentadora y acaba de regresar, se siente bateando debajo de la alfombra con apenas .222 puntos; Kelly Johnson, el antesalista, batea para .223; McCann, el receptor depositario de tantas expectativas, se conforma con .242, y Brian Roberts solo aporta 245 puntos… Ellsbury alcanza .282 y ha robado 24 bases. Estos Yanquis no parecen serlo. No con esas cifras.

Sombras nada más

En pitcheo, entre todas las adversidades “El Monstruo” era Tanaka con balance de 12-2 antes de perder sus dos últimas aperturas y salir del escenario con 12-4, una efectividad de 2.51 y un total de 135 ponches con su codo gimiendo, en tanto el reemplazo del monumental Mariano Rivera ha salvado 23 juegos. El máximo ganador después de Tanaka es Kuroda, con seis, seguido de Brandon McCarthy, David Phelps y Dellin Betances con 4 triunfos. Sabathia aportó 4, mientras Nova y Pineda, 2 cada uno. Es decir, que sin Tanaka solo se ven sombras en ese pitcheo.

Imposible ver a estos Yanquis cara de competidores en los play offs. El edificio de las pretensiones está agrietado por todos lados. Sin punch y sin brazos, Girardi podría tomar el lugar de la Venus de Milo en el Museo de Louvre.

 

.289 puntos tiene Jacoby Ellsbury, el mejor average de los Yanquis.

 

12 victorias suma Tanaka, máxima cifra del equipo, pero está fuera por lesión.

 

Sandoval más fiero

Espndeportes.com/ Los Gigantes de San Francisco tienen una lucha a brazo partido con sus archirrivales Dodgers de Los Angeles en la división Oeste de la Liga Nacional, con un sube y baja en la tabla de posiciones y apenas un juego de diferencia entre ambos.
Para la recta final de la contienda se hacen necesarias todas las armas posibles y para los Gigantes no podría llegar más oportuna la recuperación ofensiva del venezolano Pablo Sandoval. El “Kung-Fu Panda” es un hombre fundamental en las aspiraciones de San Francisco de regresar a los playoffs, tras perderse la postemporada del 2013.
Crecido “Panda”
En la semana del domingo 13 al sábado 19 de julio, recortada en su cantidad de partidos por el receso del Juego de las Estrellas, Sandoval castigó al pitcheo rival sin misericordia y fue el mejor jugador latino del viejo circuito.
En 13 turnos al bate, el “Panda” disparó ocho imparables, para un average de .615, con cuatro carreras anotadas y tres impulsadas.
Como extrabases, el venezolano aportó un doblete y un cuadrangular, para un promedio de slugging de .923.
Buena semana tuvo el también antesalista Aramis Ramírez, de los Cerveceros de Milwaukee.
El dominicano Ramírez, quien estuvo en el Juego de las Estrellas, ligó seis cohetes, todos sencillos, en 13 veces, para average de .462, con una anotada y tres remolcadas. Su compatriota y compañero de equipo Carlos Gómez también le dio duro a la pelota, al irse de 12-6 (.500), con tres anotadas y par de empujadas.