Francisco Jarquín Soto
  •   Managua, Nicaragua  |
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Fue imposible no soltar una lágrima mientras nuestros héroes convertían este 20 de julio en el día más importante de nuestra historia en el béisbol nacional. ¿Cómo no sentirse orgullosos de esos gladiadores después que derrotaran de forma dramática 5x4 a Estados Unidos en la pelea por el título Panamericano en Mazatlán, México? No se puede sustituir con nada esta alegría que nos brindan unos niños que superaron cualquier adversidad ante unos rivales que, no lo duden, los superaban en todo, menos en ese corazón de guerreros y una fe capaz de mover montañas, esa fe que tanto nos hace falta a nosotros para hacer de este país algo mejor. En mejor momento no pudo haber llegado esta victoria histórica, pues amanecimos viendo muertos, nos arrebató de nuevo la tranquilidad un grupito de asesinos por creerse dueños de la vida de cualquier ser humano de nuestra nación. Pero el día nos tenía una sorpresa, una tan agradable que, aunque no nos hace olvidar la violencia, nos da una lección de cómo debemos resolver las cosas en todos los ámbitos. Gracias, nuestros grandes héroes, se convirtieron en el mejor ejemplo a seguir, se convirtieron en nuestros niños de oro. Los esperamos con ansias para que nos contagien de esa tenacidad por hacer posible lo que parece imposible.