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En un deporte que trata de moverse entre lamentos que rebotan en las paredes y nos golpean, aparece de pronto una proeza: ese pequeño “ejército” integrado por fotocopias del David bíblico, vestidos como peloteros, chavalos de 11 y 12 años, que atravesaron dificultades para salir del terruño rumbo a Mazatlán, en México, ha conquistado el título Panamericano AA, agitando nuestro asombro.

Proeza es poder ir más allá de las posibilidades viables, aun siendo Hércules o Aquiles, y exactamente eso es lo que hicieron estos chavalos, nuestros “David”, para conseguir ocho victorias por solo un revés, abrazándose con lo glorioso en dramática batalla por el oro, retando a Estados Unidos, una aproximación a Goliat en cualquier categoría.

ADMIRACIÓN Y ESPERANZA

Los pequeños pinoleros ganaban 3-1, el domingo, cuando súbitamente se les abrió el piso al ser sacudidos por un jonrón de tres carreras. Ahora perdían 4-3 y tres outs separaban a los norteamericanos de la victoria. Heridos, los nicas consiguieron suficiente adrenalina, hicieron retumbar el parque con los latidos de sus corazones acelerados, y se lanzaron al asalto arrebatando el juego 5-4.

Frente a ese triunfo, logrado de esa forma, nos sentimos admirados y esperanzados, satisfechos y orgullosos. Estos chavalos nos hacen creer que, pese a las restricciones que aprietan el cuello de nuestro deporte, puede ser inyectado de vitalidad.

PROEZA SIN MAÑANA, NO SIRVE

 

Ellos llegaron con un propósito: pelear cada partido con un excedente de bravura; con una consigna: podemos lograrlo si nos sentimos capaces; y con una ilusión: obtener una medalla, no necesariamente la de oro. No querían llegar a Maza-

tlán gritando “sí se puede”, y regresar con la guardia baja gimiendo “no se pudo”.

Ojo con esto: la proeza de nada sirve si no se garantiza un mañana, y ese es un reto para todos los involucrados en el accionar y en el desarrollo del deporte. En 1970, cuando los chavalos de Chinandega ganaron aquel torneo latinoamericano, escribí eso mismo. Este éxito reclama una real atención y exige continuidad.

CLAVE ES EL COMPROMISO

Lamentablemente, el deporte escolar ha perdido interés en los propios centros de enseñanza. De aquellas rivalidades históricas, no quedan ni las hilachas. Nuestros “David” fueron ignorados y de nuevo quedamos dependiendo de lo imprevisto, de algunas proezas que se desvanecen poco a poco frente a la incompetencia por manejar proyectos.

Celebramos un triunfo épico, una campaña consistente, los reconocimientos a Samuel Mendoza, mejor lanzador; a Ronny Perera, el Más Valioso, y a Saúl Martínez, un jardinero All Star; nos emocionamos con la conquista, pero debemos comprometernos con el proyecto. Esa es la exigencia de nuestros “David”.

8-1 fue el balance final de la Selección Nacional Infantil AA que ganó el título en el Campeonato Panamericano en México.

La Selección Nacional Infantil clasificó al Campeonato Mundial de Taiwán del próximo año.