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Daba la impresión de disparar utilizando un silenciador. Los rivales caían “desangrados” en el cajón de bateo, sin escuchar el apretar del gatillo, sin asustarse, totalmente inutilizados. Ver pitchear a Greg Maddux, equivalía a ver trabajar a Picasso o Dalí sobre el lienzo. Qué maestría para esos trazos que dibujaban de diferentes maneras la zona de strike. El ¿cómo batearle? se convirtió en la más grande intriga del beisbol durante largo rato, mientras conseguía cuatro premios Cy Young consecutivos entre 1992 y 1995, provocando asombro.

Maddux, ese pitcher cerebral posiblemente irrepetible, aterrizó ayer también suavemente, en el Salón de la Fama en Cooperstown, junto con su compañero de rotación, el zurdo Tom Glavine, y el artillero Frank Thomas. Una excelente promoción.

CIFRAS IMPRESIONANTES

Ganador de 355 juegos con 227 derrotas; dos temporadas de 20 triunfos, cinco de 19 y dos de 18; dueño de cuatro premios Cy Young y protagonista de cerradas peleas por otros dos; con un control admirable que le permitió una relación de casi cuatro ponches por cada base por bolas, pese a que solo una vez superó la barrera de los 200 fusilados; capaz de registrar efectividades de 1.56 y 1.63 en 1994 y 1995; con crecimiento bajo presión y una astucia envidiable, Maddux fue desde su retiro una segura escogencia para el Salón de la Fama en su primer intento.

Su trabajo monticular fue siempre de alta cirugía. Cambiaba la velocidad de la bola y los puntos de llegada en la zona de strike, de acuerdo a las debilidades de los bateadores. Para lograr eso, estudiaba tanto a los adversarios. Se acostumbró a desequilibrar el duelo mental con el bateador a su favor desde el propio arranque del conteo.

ALUMNO DE SUN TZU

En su famoso libro “El arte de la Guerra”, Sun Tzu nos dice que los guerreros expertos se hacen invencibles en la medida que sacan el mejor provecho a la vulnerabilidad de sus adversarios. No sé si Maddux ha leído las teorías de Sun Tzu, pero en la colina de los infartos, él las aplicaba eficazmente.

“La diferencia entre él y el resto de nosotros”, decía precisamente Tom Glavine, su compañero, otro ganador de Cy Young, es “que algunos de nosotros podemos poner la pelota donde queremos la mayor parte del tiempo, en tanto él parece ser capaz de hacerlo todo el tiempo”.

Robespierre lo hubiera llamado “un verdugo frío y fino”, un hábil manejador de la caída de la cuchilla sobre los cuellos, silenciosa y eficientemente... No parecía haber forma de escapar frente a su variedad de recursos desconcertante y su control admirable. Greg Maddux siempre estuvo pitcheando para la perfección.

“De hecho nunca pitchea un mal juego. Quizás lo han visto durante algunos innings vacilantes, pero muy raras veces. Solo eso”, decía Tom Lasorda de Maddux, quien fue la escogencia número 2 de los Cachorros en el draft de 1984 y que hizo historia con los Bravos.