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Lo mejor para el Atlético no es una Supercopa de España más. Tampoco el cumplimiento de venganza alguna después de Lisboa en la final de la Champions. Aquello no lo curan ni cuarenta Supercopas para la familia rojiblanca. No es nada de eso. Lo mejor es la sensación de que continúa donde estaba, a pesar de la pérdida de futbolistas. Empieza la Liga y, por si alguien lo dudaba, el campeón deja claro por qué lo fue, por qué lo es y por qué se merece el respeto de cualquiera de sus rivales.

Al sofisticado Real Madrid lo desbarató en lo más simple: el balón largo del portero. A cada envío de costa a costa de Moyá, respondió con inseguridad, sin tener muy claro los roles, quién debía ir al despeje, lo que provocó que el Atlético encontrara opciones en la segunda jugada. Es un argumento tan primitivo como el propio fútbol, donde todo vuelve. El primer gol, cuando no se habían jugado siquiera dos minutos, influyó en que la defensa del Real Madrid reaccionara como infantiles a cada intento posterior. La desnudó. Varane falló en el primer despeje y Sergio Ramos en el siguiente, a mitad de camino entre Griezmann, que ganó el balón, y Mandzukic, autor del tanto. El croata marcó como un ariete clásico: duro y cruzado.

Antes del gol, en ese escasísimo tiempo, el Atlético ya había llegado otras dos veces al área de Casillas, que juega con el rostro de quien no es feliz.

Cristiano por Kroos

De la misma forma que sale con la presión alta y un ritmo frenético, el Atlético se repliega en cuanto consigue su objetivo. Fue solo entonces cuando el Real Madrid pudo combinar en los tres cuartos y filtrar balones. James Rodríguez, titular en lugar de Cristiano, fue el beneficiario. Forzó lo mejor de Moyá y entregó a Bale tras un excepcional control orientado. El galés se habilitó para el remate con un regate eléctrico, pero el disparo salió fuera. Fueron minutos de acoso, los mejores para el Real Madrid, con un rival que defendía demasiado cerca de su portero.

El conjunto de Ancelotti, en cambio, se desconfiguró cuando su entrenador quiso afilarlo un poco más. Después del descanso, en el campo no apareció Kroos, sino Cristiano. Suplente por precaución, dadas las molestias que le obligaron a retirarse en la ida, entró por la necesidad de voltear el resultado. El elegido, sin embargo, no fue un delantero, sino un centrocampista. Sin Kroos, el Real Madrid perdió equilibrio y permitió que el Atlético encontrara campo libre para sus transiciones.

 

15 AÑOS tenían los rojiblancos de no vencer al Real Madrid en el “Calderón”.

 

 

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