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  • AFP y EL PAÍS

Una jugada de pardillos acabó con la nueva España en París. Con cuatro debutantes y, en total, seis ausentes de Brasil, la selección de Del Bosque resistió ante una Francia más fermentada que alistó al bloque del Mundial. El equipo de Deschamps no padeció en defensa, pero tuvo oposición hasta que su novato adversario creyó que el juego se detendría al estar Cazorla momentáneamente fuera del campo.

No fue así, y Remy condenó a La Roja en su primer paso del nuevo ciclo. Un partido sin muchas sacudidas, poco deslumbrante, que dejó algunos apuntes interesantes de los nuevos. Un encuentro para medir a los que llegan más que para examinar a un colectivo embrionario. Lo peor, un viejo problema: un ataque raquítico. Con Diego Costa a la cabeza, a España le faltó pólvora, le sobró cierta retórica, nunca se vertebró del todo y jamás llegó a ser concreta. Nada nuevo.

Búsqueda urgente

Las circunstancias obligan y España busca a otra España. El estropicio en Brasil y la retirada de futbolistas tan determinantes y con tanta huella como Xavi, Alonso y Villa no le dejan otro remedio. Es hora de resetearse, y al equipo le llevará tiempo coger cuajo, dar con el formato que le permita conjugar sus principios básicos con el perfil de los que llegan de refresco.

En París, Vicente del Bosque envidó de entrada con tres debutantes, Carvajal, San José y Raúl García --luego lo haría Paco Alcácer--. Fue excelente el lateral madridista, picante en ataque y muy vivo en las basculaciones defensivas. El resto cumplió.

Tras probar con Nacho y Bartra, el seleccionador prueba ahora con otro suplente. España no tiene vivero defensivo y a la espera de ver si remonta Piqué, el vacío es considerable.

Las variantes en la retaguardia no alteraron el ecosistema de la selección, más mutante de medio campo hacia adelante. Xavi y Alonso eran más que dos clásicos, su peso era infinito, determinante. Ambos lograban que España se refugiara a partir de la pelota. A Koke, futbolista para todo, le correspondió el papel del guipuzcoano junto a Busquets, mientras que Cesc, aquel ariete postizo de tiempos cercanos se maquilló como su excompañero azulgrana, a la espalda de Diego Costa.

Equilibrado el duelo fuera de las áreas, España pagó su bisoñez en el gol de Remy, ante el que nada pudo hacer De Gea, firme toda la noche. Su titularidad se supone que tuvo que ver con el carácter amistoso del choque y lo que el propio Del Bosque define como “ambigua” situación de Iker Casillas. El próximo lunes, en Valencia ante Macedonia, ya en partido oficial, se espera al capitán. Entonces, la España en transición tendrá que ganar o ganar. Sin excusas. La nueva España no puede seguir en Brasil. Es hora de despertar.

 

8 de septiembre se mide España a Macedonia, por la Eurocopa.