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Peleó perfecto “Chocolatito”. Con fuego en los puños, hielo en la sangre, golpeo preciso, furia controlada, estableciendo la distancia, adueñándose del centro del ring, empujando las acciones, llevando a Yaegashi constantemente a las cuerdas, sosteniendo un ritmo ofensivo a ratos frenético, escapando al desgaste y provocando dos caídas, la última, definitiva.

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Así conquistó Román González su tercera corona de boxeo, ahora en las 112 libras, bajo el alero del CMB, iluminando Tokio todavía más. Fue un trabajo impecable e implacable que se extendió por nueve asaltos, rodeado de los signos de admiración de todas nuestras miradas. ¡Ah, se cansó porque no es un mini-Robocop! Sus pulmones también necesitan recarga, y cuando la consiguió por última vez, fue para definir.

YAEGASHI UN GUERRERO

Pareció un pequeño Aquiles con su puño en alto victorioso, con un pie sobre el cadáver de Héctor, mostrando su grandeza. Aún retorciéndose en el piso tratando de incorporarse, Yaegashi tenía su corazón en la mano. Los latidos se escuchaban más allá de ring side. En todo instante, hasta en los de más terrible adversidad, el japonés fue un guerrero, dispuesto a defender su corona sin importarle estar descalzo entre las brasas, sometido a un golpeo dañino, tratando una y otra vez de emerger de entre cenizas, hasta que la circulación de sangre en las arterias se detuvo.

El éxito de Román fue mantener al Campeón Mundial Mosca fuera de control, obligándolo a seguir sus diferentes propuestas. Supo Yaegashi colocar su valentía sobre la intimidación, y se atrevió a ensayar arremetidas que solo eran eficaces por corto tiempo, porque “Chocolatito” sabía sujetarlo manejando el paso atrás y contragolpeando con combinaciones oportunas y necesarias, que en ciertos momentos se transformaron en ráfagas, como en los asaltos siete y ocho, cuando el ablandamiento de Yaegashi era tan notorio como el nivel de pobreza en América Latina.

RECITAL DE DESTREZA

No vi perder round a “Chocolatito” mientras dictaba su cátedra de boxeo, con Yaegashi necesitado de un pupitre para sentarse a escuchar. Sí, el primer round fue solo de acercamiento al peligro, y el cuarto puede que lo hayan apuntado al japonés, pero les di empate. El resto, un recital de destreza para mantener la iniciativa y ser certero en el golpeo, concentrado en la parte de arriba, recortándole al Campeón el uso de golpes rectos por adentro, y dejándolo en desventaja cuando los trazados eran por afuera. No buscó Román ir al cuerpo por abajo, abriendo espacio arriba. ¿Por qué hacerlo?

La primera caída, con ese cruzado de izquierda limpio y preciso, hizo girar un round que se estaba complicando, pese a la pérdida de visión del japonés por el ojo izquierdo. A partir de ese aterrizaje forzoso en el tercer asalto, “Chocolatito” aseguró su crecimiento, obviando el mayúsculo esfuerzo de Yaegashi en el cuarto interesado en dar señales de vida y hacerse sentir, lo que casi logra, solo para volver a ser empujado a un martirio que estuvo siendo estirado por el nica con seguridad y maestría.

EL YUNQUE Y EL MARTILLO

La derecha de Román, ocultándose detrás de esa izquierda utilizada en toda su extensión como golpe de apertura, funcionó apropiadamente en los rounds cinco y seis, agrietando la defensa del bravo japonés. Eso sí, el desgaste mordió a los dos y vimos como “Chocolatito” se detuvo para reabastecerse de energías en un par de ocasiones durante los rounds siete y ocho.

En el noveno, cuando Yaegashi se quedó con la guardia abajo mostrando su rostro sin expresión, expuesto a todo, y Román ni siquiera intentó golpear porque seguramente sintió que sus brazos pesaban una tonelada, el aturdimiento me golpeó. Ambos, el yunque y el martillo, reaccionaron como en cámara lenta y luego se agitaron buceando en sus almas. Fue entonces que “Chocolatito” utilizando combinaciones de golpes, cerrando con zurda, derribó otra vez a Yaegashi.

Estaba destruido. Sus piernas no respondieron, sus brazos parecían aspas quebradas, su cintura completamente floja, su mirada perdida. Todo estaba consumado. Fue entonces que “Chocolatito” tomó un lápiz para firmar una obra maestra. ¡Qué peleador!

 

40-0 es el nuevo récord de Román González tras noquear ayer a Akira Yaegashi.

 

85 por ciento de peleas, “Chocolatito” las termina por nocaut. Lleva 34 en 40.