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La juventud que canta Rubén Darío no siempre es un divino tesoro. No cuando te atrasas en acercarte a la madurez que te proporciona la experiencia que vas consiguiendo y no sabes diferenciar lo que te conviene de lo que te perjudica.

Ese es el caso del pelotero nicaragüense de casi 28 años, Everth Cabrera, que continúa siendo preocupante tanto para nosotros sus seguidores, altamente interesados en el desarrollo de su carrera deportiva, como para los Padres de San Diego, organización a la que pertenece y que mantiene expectativas sobre sus proyecciones.

Después de haber “mordido” su expediente de comportamiento por un problema familiar de repercusión y por su vinculación con la Clínica Biogénesis en Miami, siendo suspendido por 50 juegos, Cabrera, el muchacho de Nandaime, con estudios de secundaria en el Instituto José Dolores Estrada, regresa al campo minado de los cuestionamientos al ser detenido por usar marihuana.

No es ya el chavalo dominado por los impulsos, que carece del entendimiento requerido sobre lo bueno y lo malo. Sin necesidad de leer la “Divina Comedia”, de Dante, conoce lo suficiente sobre lo que te puede alejar del cielo, evitarte hacer una parada en el purgatorio y descender al calor del infierno. Lo aprendemos todos en nuestro tránsito, a veces fugaz, por esta vida. Lo proporciona la inteligencia, cuyo buen uso, nos impide conspirar contra nosotros mismos.

En un momento en que, después de seis temporadas recortadas, solo dos con más de 100 juegos (2009 su debut con 103 y 2012 con 115), sus cifras tienen a los observadores rascando cabezas mientras visualizan su futuro como pelotero, Everth toma su permanencia en la lista de inhabilitados, para saltar otra vez a la zona roja del tapete, obligando a los Padres a reservarse su opinión, lo cual dice mucho.

Se informa que llegaron desde su casa en Nandaime, seguramente a retorcerle las orejas como lo hacían constantemente nuestros padres y a gritarle “¡Muchacho, qué estás haciendo!”, intentando que escuche el sonar del despertador, porque en busca de establecerte como bigleaguer y estando a la orilla de una salario estimulante de 2.5 millones de dólares, no puedes apagar la luz y deslizarte entre las tinieblas como un tren que viaja hacia ninguna parte.

Everth tiene tiempo de frenar y aplicar urgentes modificaciones. No puede seguir atrapado por desviaciones. Ojalá lo entienda. Como le diría Anthony Di Mello: recuerda que eres el piloto de tu vida.

 

etm@doble-play.com