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La vida es dura e incluso cruel, pero también es lo que uno hace de ella, dice Dean Koontz, autor de ‘best sellers’. Carlos García decidió zambullirse entre las dificultades que se presentan en la vida para combatir la adversidad, en lugar de quedarse mansamente resignado. Frente a los recuerdos por su fallecimiento, entrego estas notas sobre cómo se hizo, quien nació con vocación de militar y una pasión sin límites por el beisbol.

Carlos fue el mayor de seis hermanos, que eran hijos de un oficial del ejército. “Me incliné hacia lo militar por vocación. En mi casa, siempre estaban uniformes secándose al sol sobre los alambres, aunque mi padre, Carlos Manuel, nunca trató de incidir en ese sentido. Mi hermano Alejandro y yo seguimos sus huellas, incursionando al terrero de lo militar, lo que fue para mí una decisión acertada, una gran escuela y, sobre todo, una experiencia útil y saludable”, me dijo hace años en una de más mil y una entrevistas que le hice.

A los 16 años, en 1948, Carlos García entró a la Academia Militar y en febrero de 1952, cuatro años después, se graduó con notas destacadas obteniendo el rango de teniente primero. Ahí estaba Carlos, muy angosto en ese tiempo, desfilando con la Academia Militar en los actos inaugurales del Mundial de 1948, lejos aún de sospechar que su verdadera proyección y su mayor incidencia serían en el beisbol como dirigente.

¿INGENIERO O POLICÍA?

Al salir, quedó frente a la primera decisión difícil en su vida: una beca para estudiar ingeniería en Inglaterra después de su eficiente trabajo en Geodesia, y la posibilidad ofrecida por el director de la Escuela de Policía, Jorge Cárdenas, para especializarse en asuntos policiales en Perú. Se trataba de Investigación y Policía criminal. Carlos se decidió por lo último, seguramente porque estaba en línea directa con su vocación.

Estando en Perú se casó con doña Aida del Solar, con quien procreó dos hijas: Aida y Corina. Ellas se lograron formar a su alrededor en los años 70, cuando creció como dirigente de beisbol. Muchos años después, encontró a la jovencita Ninoska Leetz, y aquello fue “Amor sin barreras”. Los cinco hijos de ese matrimonio: Saskia, Waleska, Gwendoly, Carlos y Peter fueron como cinco velas “marca” estímulo.

EDECÁN DE NIXON

Carlos regresó a Nicaragua en 1954. Jorge Cárdenas no era el director de la Escuela de Policía, por haberse involucrado en el movimiento de abril de ese año. Ahora estaba preso, y Carlos se sintió un poco desorientado. Vino Nixon al país y el joven militar con estudios avanzados de Policía en Perú fue designado como su edecán.

Como consecuencia de ese trabajo y utilizando “su olfato”, obtuvo –de carambola– una beca federal. Las dos becas ofrecidas por Nixon tenían dueños: Gastón Cajina y Ruperto Hooker, pero el primero se vio envuelto en dificultades con Anastasio Somoza hijo, razón por la que fue trasladado a León y quedó abierto un espacio aprovechado por Carlos.

Ingresar a un Curso de Policía en Texas le permitió “agudizar” más sus sentidos, mejorar su inglés y saltar después a un curso del FBI en Virginia, en 1955. Fue en Washington donde estudió Servicio Secreto. Ese avance, según él, cambió su vida.

ESCOLTA DE LUIS SOMOZA

De regreso, formó parte del proyecto Policía Judicial que trató de materializar Julio Quintana, el ministro de Gobernación. Eso no pudo concretarse porque cinco días después, Somoza perdió la vida en León. Al morir Somoza, se consideró factor clave la negligencia y la embajada norteamericana recomendó la creación de un cuerpo de Servicio Secreto. ¿Y quién era el recién graduado y hombre más apropiado para darle forma y fondo?

Carlos fue nombrado jefe de custodia de Luis Somoza y más adelante instructor de la Academia y de la Escuela de Policía. En 1960, fue enviado a la recuperación de Diriamba, negoció la libertad de su hermano Alejandro y entró como “pitcher de relevo” del jefe de Investigación, Manuel López, siendo un teniente de mucha notoriedad.

“Algo significativo durante mi gestión en la Oficina de Investigación, fueron los editoriales publicados por el Dr. Chamorro en La Prensa, reconociendo que la Policía estaba cambiando. Eso provocó molestias y malas interpretaciones en diferentes sectores del ejército. En principio, mientras se investigaban y resolvían algunos casos sobresaliendo el de Ada Moncada, el robo del Almacén Dora, el robo del carro del senador Raskowsky, el robo realizado donde Julio Martínez y otros, Anastasio Somoza me respaldó diciendo que fuera a fondo; pero de repente, cambió de dirección y fui acusado de una falsedad: estar tratando de desprestigiar a la Guardia Nacional. Ordenaron una investigación y estuve preso por 115 días antes de ser dado de baja”, explica.

NO A LA POLÍTICA

“La baja, por la forma en que se hizo, provocó impacto. El Dr. Agüero me ofreció en el Club Managua un homenaje a la dignidad y se pretendió que incursionara en la política, pero he sido alérgico a eso toda mi vida. Fue entonces que apareció en escena Orlando Barreto Argüello, de Alpac, y me ofreció la gerencia de la empresa en Occidente, con un sueldo de esos que lo mantiene a uno fuera de complicaciones económicas: 3,500 córdobas. Algo poco común en 1962”.

“Como no sabía nada de esa nueva tarea, tomé cursos de contabilidad y administración para interpretar y realizar balances, funcionar de acuerdo a las expectativas y dirigir adecuadamente. Sorprendentemente mi primer sueldo extra fue de 68 mil córdobas y después de un año de intenso trabajo, me encontré con suficiente dinero. Compré la casa de Xiloá y dos años después, cuando Vassalli adquirió la mayoría de acciones de Alpac, me nombraron gerente en Corinto con sueldo fijo y gastos de representación, pero no era ni la quinta parte de lo que ganaba. Eso sí, ser gerente de Vasalli otorgaba estatus y Corinto estaba de moda. Incluso, tuve una gasolinera en ese puerto”.

Estando en Corinto, la pasión por el beisbol, atrapó a Carlos... ¿O quizás fue Carlos quien atrapó al beisbol? Ahí comenzó su gran historia como dirigente deportivo. Eso es otra nota.

 

16 años tenía Carlos García cuando tuvo su primer contacto con el beisbol mientras desfilaba en el estadio en el Mundial de Beisbol de 1948.

 

“Me incliné hacia lo militar por vocación. En mi casa, siempre estaban uniformes secándose al sol sobre los alambres, aunque mi padre, Carlos Manuel, nunca trató de incidir en ese sentido, pero mi hermano Alejandro y yo seguimos sus huellas”.