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“Este hombre es el béisbol de Nicaragua”, expresó Daniel durante un acto público vinculado con el deporte en el mes de octubre de 2008, refiriéndose al “combatiente” de más de medio siglo por el progreso de ese deporte en el terruño, como lo fue Carlos García.

¡Qué bueno fue percatarnos en aquel momento que el Presidente estaba claro de eso! Dicen que de inmediato, su señal fue captada. Muchos “caras pintadas” que llegaron a etiquetar a Carlos como un “contaminado”, atreviéndose a negarle valores, dieron la impresión de cambiar lentes y lo vieron diferente. Como si esa palmada en la espalda de Daniel, les mostrara, súbitamente, el David nunca envejecido de Miguel Angel.

¿OTRO COMO ÉL?

Obviamente, no era necesario ese saludo del Presidente para medir correctamente a quien en su época de esplendor y grandeza, movía montañas de dificultades con su empeño, terquedad, astucia y lo que tenía de fortuna. Lo vimos en el vecindario de los 80 años, resistiéndose a colgar los spikes, porque eso equivalía –sin hipérboles– a colgar su corazón y perder la vida.

Aunque el presidente Daniel Ortega llegó a tener un poco tardíamente el conocimiento pleno de la dimensión de Carlos, puede que se hayan visto en sus ojos algunos signos de admiración al expresarse sobre él. Debe haber pensado que no será fácil volver a ver otro dirigente como él. Es lo que pasé escuchando decir por largos años en foros internacionales a gente como Bob Smith, Bruno Beneck, Oswaldo Gil, al japonés Eichiro Yamamoto, Miguel Oropeza, Aldo Notari y tantos otros que siguieron las huellas del audaz y productivo trabajo de Carlos, desde la época en que estrenaron “Casablanca”, hasta la “Guerra de las Galaxias”.

JUEGO SALVADO

Dos años después, en 2010, cuando Carlos necesitó ser operado en sus dos rodillas, sufriendo al mismo tiempo una alteración que lo colocó a la orilla de la muerte, el apoyo decidido de Daniel fue clave. Esa atención en el Hospital Militar evitó un desenlace trágico. Al verlo, pensé que no podría sobrevivir. En ese momento, le dije a Chilo, mi esposa: el cádaver de mi padre tenía más vida que este Carlos que estamos mirando. Mostrando una resistencia única, salió a flote milagrosamente. Quedó en Carlos y su familia, un agradecimiento profundo.

Un día, ya enclaustrado Carlos en una silla de ruedas por el resto de sus días, en una de tantas visitas a su casa con el propósito de salir a comer, me habló sobre su agradecimiento a esa gestión y la influencia que tuvo en él, la lectura de la “Biblia” para no almacenar el menor resentimiento por la afectación de viejos errores. “Es más, hemos establecido una buena relación”, agregó. Ninoska, su esposa, me relató que Daniel dijo que alguien que había hecho tanto por el beisbol y el deporte en Nicaragua, no tenía que agradecer porque era una responsabilidad atenderlo.

OTROS APOYOS

Previamente, en los años 80, cuando la dureza lo apretaba por el cuello, recibió varias señales de parte de Humberto Ortega, relacionado directamente con el deporte casero, y particularmente con el beisbol. Fue así que cuando vino el equipo de Taiwán en esa década, Humberto se mostró abierto a las gestiones de la Embajada de ese país para hacer posible la presencia de Carlos en el Estadio de Masaya. Me correspondió llevarle el aviso a la cárcel.

Al regresar a Nicaragua en el inicio de los 90, se encontró con el respaldo de Sucre Frech, quien lo recomendó como su viceministro de Deportes. Al fallecer Sucre en ejercicio del cargo, Carlos fue su sucesor.

La conexión con otro dirigente de la revolución, Bayardo Arce, fue la más visible en los últimos años, así como la atención brindada desde su butaca como presidente del Comité Olímpico, de Emmett Lang. La familia considera que este último esfuerzo fue de mayúscula utilidad para hacer agradables los últimos días de Carlos. Atrás había quedado aquel enfrentamiento por la Jefatura del Deporte que ganó Emmett.

Cumplo así con la familia de Carlos, el compromiso de dejar constancia del agradecimiento a quienes les proporcionaron oportunos apoyos en los diferentes malos momentos por los que atravesó en la recta final de su vida.

LOS DUROS, LLORAN

Hombre duro, cultivado en Academias Militares, con cursos en el FBI, sobreviviente a bajas y prisiones, capaz de atravesar por las situaciones más adversas sin alterar esa confianza exhuberante en el mismo, Carlos no pudo sujetar las lágrimas aquella mañana que siguió al terremoto, viendo al Coloso de rodillas, sangrando por sus múltiples heridas, prácticamente inutilizado. Daba la impresión que ese estadio, tan reluciente unas horas antes, había envejecido 100 años en un abandono imperdonable, igual que Carlos en ese momento de intenso dramatismo. Fue como si Leonardo estuviera frente a su “Gioconda” grotescamente rayada por un insensato, o ver “La Piedad” que adorna la entrada en el Vaticano, con su nariz quebrada por el asalto de aquel loco con un martillo, precisamente el 21 de mayo de ese año, 1972.

ESA ASTUCIA CULTIVADA

Un hombre hábil, capaz de ser amigo de Anastasio Somoza, hombre de confianza de Adonis Porras, bendecido por el cardenal Obando, relacionado deportivamente con Humberto Ortega y Antonio Lacayo, dueño de una larga amistad con Arnoldo Alemán y buena conexión con Enrique Bolaños, llegó a recibir una palmada en la espalda de Daniel y conectarse con Bayardo y con Emmett.

Se nos fue sin sentirse abrumado por una tristeza inmemorial. “Este hombre es el beisbol en Nicaragua”, dijo Daniel, y no exageraba. Yo siempre lo supe. La muerte lo sacó de circulación, sin poder quitarle brillantez a su obra. Elevándose por encima de la mediocridad, Carlos fue un fuera de serie, como nunca se volverá a ver otro en el terruño.

 

30 DE ABRIL de abril de 1931 nace Carlos García en Managua; falleció el 18 de septiembre de 2014.

 

Carlos no pudo sujetar las lágrimas aquella mañana que siguió al terremoto, viendo al Coloso de rodillas, sangrando por sus múltiples heridas, prácticamente inutilizado. Daba la impresión que ese estadio, tan reluciente unas horas antes, había envejecido 100 años en un abandono imperdonable.

 

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