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Córner a córner o falta a falta el Atlético ha cimentado gran parte de sus éxitos desde la llegada de Diego Pablo Simeone. Córner a córner o falta a falta este recurso mantiene al campeón arriba en la tabla. Está en plena búsqueda de un patrón de juego, sobre todo ofensivo, pero no pierde esa seña de identidad tan rentable.

En este inicio de campeonato, el plantel rojiblanco echa de menos a Diego Costa, su verticalidad y desgaste que generaba en las defensas contrarias. También ha sentido añoranza por una solidez defensiva que era incuestionable, pero lo del balón parado no lo olvida.

La estrategia va camino de convertirse en una constante vital de este equipo. Esa destreza le oxigena y le permite muchas veces estar por encima del juego. Puede jugar bien, mal o regular, pero siempre le quedará el laboratorio para poder imponerse en el marcador.

Un extraño goleador

Ayer fue Miranda el que ganó el partido. Otra vez la misma jugada, que por estudiada y vista por los contrarios no consiguen defenderla. La pelota tensa de Koke al primer palo y el central brasileño que se anticipa autoritario para girar el cuello y convertirse en el máximo goleador de su equipo con tres tantos.

No se recuerda a un equipo con ese grado de eficacia en el fútbol de laboratorio. El Atlético del doblete del 96 hizo 37 tantos de 75, casi el 50% de efectividad. El de esta campaña lleva siete goles en Liga y seis han sido a balón parado. El trabajo es exhaustivo durante la semana y el rendimiento, brutal en los cinco partidos que van de campeonato. Últimamente podría decirse que el fútbol es un deporte de once contra once en el que casi siempre gana el Atlético de córner.

Se encontraron los futbolistas de Simeone con un Almería rácano. Demasiado pendiente de defender y con poca vista puesta en el ataque. Cedió el balón a la espera de que el invento de Simeone de hacer jugar a Griezmann como referencia desembocara en una posesión insulsa. No es como más cómodo se encuentra el campeón, pero cada vez tiene mejor asumido ese protagonismo con la pelota que le conceden los contrarios. Aún le falta algo de clarividencia, pero el volumen de juego con niveles de posesión más alto de lo que acostumbraba le da para generar ocasiones o saques de esquina, que en su caso viene a ser lo mismo.