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Rocoso y áspero cuando lo necesitó, sobrio y brillante en muchos momentos, el Atlético aplastó 4-0 al Sevilla el día que Diego Simeone regresaba al banquillo. Aclamado, el técnico interactuó como siempre en un partido en el que su equipo enseñó muchas de sus mejores virtudes y en el que la cantera le abrió el marcador con dos goles. Marcaron Koke y Saúl, dos representantes de una factoría que vive una de sus mejores épocas.

También fue decisiva la aportación de los que entraron, la velocidad de Griezmann, el martilllo pilón que es Raúl García y hasta esta vez el oportunismo de Raúl Jiménez para conectar un certero cabezazo. Simeone salió ganador en la pizarra, en la hierba y en los cambios.

Simeone se blindó con un triángulo formado por Tiago, Gabi y Saúl ante la amenaza de ser desbordado en velocidad por Vitolo, Aleix Vidal y Bacca. El partido de Saúl en Almería le valió la titularidad ayer en lo que cada vez se va pareciendo más a una irrupción definitiva en el once.

El chico es un todocampista, es decir, un pelotero de los pies a la cabeza que no extraña el juego por la posición que le asignen. No le flaquean las piernas cuando tiene que tocar, no rehúye el choque y se presenta en el área siempre con la intención de hacer pupa.

La respuesta de Emery al trivote de Simeone fue otra robusta bisagra en el medio, la formada por Krychowiak y M’Bia y Carrizo. El calco en las pizarras se concretó en que uno y otro jugaron con un solo punta, Mandzukic a un lado y Bacca al otro.

Gran batalla

Desde las alineaciones se delató una batalla por la conquista de los espacios y por ver quién se imponía en las segundas jugadas cuando el juego se convertía en una ráfaga de pelotas verticales. Ganó el Atlético esa pelea. Fue más rocoso desde la colocación y el ímpetu. En esa medición le enseñó al Sevilla que todavía se maneja mejor en ese otro futbol. No hubo señales de ni de Vitolo ni de Aleix Vidal, tampoco de Bacca, porque su equipo se pudo estirar muy poco.

Otras, el turco se giraba y salía con la pelota hacia el área para poner él mismo el centro. De una de esas intentonas nació el primer gol. La rosca pasada la peleó Saúl en la línea de fondo y su pase atrás lo recogió Koke. El derechazo del canterano reventó la escuadra izquierda de Beto tras tocar en Nico Pareja.

El Calderón se ha convertido en un estadio inglés cada vez que ve que su equipo tiene un lanzamiento desde el banderín. La grada se enciende, segura de que el gol rondará. Así sucedió en otra jugada a balón parado en el segundo tanto. Esta vez Miranda cabeceó al segundo palo un centro que recogió Saúl entrando desde atrás para firmar un testarazo incontestable, cruzado y picado al palo contrario de Beto.