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Yo estaba tratando de terminar de chequear las incontables derrotas de Allen Medina, un borroso púgil de 36 años, capaz de perder con su sombra, cuando la pelea había terminado. Objetivamente no hubo intriga o, para ser más preciso, Mayorga peleó solo. Una ráfaga de golpes le bastó al veterano pinolero para sentirse rejuvenecido en esa maleza que cobija el boxeo actual. Intentando cubrirse con sus brazos, evidentemente asustado e inutilizado, Medina sintió que se le abría el piso y estaba viajando vertiginosamente al centro de la Tierra.

¿Qué se podía esperar de un púgil como Medina, más desgastado que Mayorga, con 9 victorias misteriosas y 24 derrotas, 14 por nocáut? Qué tonto fui. Nunca debí quitar la vista del televisor. Apenas lo hice, y todo terminó. Me fue útil la grabación.

A LA MEDIDA

Pienso que con habilidad, se le buscó a Mayorga un rival a la medida, sin posibilidad de hacer propuestas, interesado en salir lo más pronto de las brasas y, sobre todo, facilitándole a Mayorga lucir bien, hasta iniciando la ofensiva con calma, soltando su izquierda y descargando su derecha. Detrás de un cruce a la mandíbula, Mayorga se volcó, y segundos después el réferi estaba llamado a gritos al 911 para atender a Dávila urgentemente.

Por supuesto que en medio de la escasez, este resultado le permite a Mayorga conseguir otras peleas, lo cual necesita. Se le pueden conseguir adversarios no tan indefensos como Medina, llevándolo a algo interesante que le produzca ciertos ingresos lejos de Don King. Una vez más, Mayorga fue directamente a buscar cómo abrumar y simplificar, lo que logró plenamente. Esa “credencial” para seguir en pie de lucha, debe ser cuidada.

El sábado, una pequeña ráfaga bastó para que Mayorga metiera a Allen Medina en el vagón del pánico.

30 triunfos triunfos lleva Ricardo Mayorga, con 24 nocauts propinados y 8 derrotas.