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Ante la débil Luxemburgo, España, acongojada en estos tiempos, jugó dos partidos. El colectivo lo ganó, como era de esperar, pese a esta época de zozobra. Y lo hizo con profesionalidad, tomándose como debía el bolo oficial ante un adversario de cuarta, pero había que ganarle y así lo hizo por goleada 4-0 con Diego Costa al fin marcando un tanto.

Tras el fiasco de Eslovaquia, Del Bosque alteró el sistema y España se dispuso con un 4-4-2, con un medio campo en rombo, con Busquets de ancla, Koke a la derecha, Iniesta a la izquierda y Silva como enganche para Diego Costa y Alcácer que, como mínimo, va para jugador del mes. A nadie benefició más el giro que a Silva, que disfruta en la frontera del área. El canario se movió con soltura, tanto en sus sociedades con Iniesta como con los dos delanteros. Ingobernable para el arcaico radar de los luxemburgueses.

Durante más de una hora, España se rindió a pies de Diego Costa, que encadenó media docena de ocasiones, unas claras y algunas clarísimas. Nada peor que un goleador obsesionado con el gol. Esa es su paradoja. Ofuscado Costa, al que le vino de maravilla la presencia de Paco Alcácer, que no ha necesitado años de matrícula para saber cómo agitar a las defensas, Silva acudió al rescate. La metamorfosis española ha provocado que sea precisamente el canario el máximo goleador de esta convocatoria. El jugador del City cazó un remate estupendo con la zurda tras un inocente despeje de un contrario.

Chances perdidos

Del segundo tanto se encargó Alcácer, que ha entrado en La Roja al revés que Costa, como un tiro. Tres partidos oficiales y tres goles. Hay muescas de Villa en este delantero del Valencia, que no solo es un rematador didáctico, con las dos piernas o con la cabeza.

Resuelto el marcador, España bajó de nivel y optó por gestionar sin más el encuentro con un solo objetivo, el triunfo de Diego Costa, el partido que más se le atragantó. Hasta que de rebote en rebote y con un zaguero luxemburgués haciendo el canelo al evitar como un parvulario un fuera de juego en el área pequeña, Costa reventó el balón contra la red. Rabia, mucha rabia tras siete meses de una odisea propia de esos misterios que tiene el futbol.