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¡Cómo se juntaron esos momentos! Siempre me he preguntado: ¿volverá a ocurrir algún día? Imposible con las mismas características, porque ya sabemos, y muy bien, lo que es conquistar coronas de boxeo; en tanto, obtener un campeonato mundial de béisbol, sigue siendo asignatura pendiente.

Ese 23 de noviembre de 1974, mientras Alexis Argüello con el corazón inflamado buscaba en Los Ángeles, California, el primer Cinturón Universal de boxeo para Nicaragua; al mismo tiempo, en San Petersburgo, Florida, una inspiradísima Selección Nacional dirigida por Noel Areas intentaba capturar su primer título de Serie Mundial en el béisbol amateur.

CUÁNTA EXPECTACIÓN
El país entero aguijoneado por una ansiedad incontrolable, estaba pendiente de lo que ocurría en los dos puntos. Una expectación sin precedentes que se extendía de costa a costa, con un país atrapado por completo. Pienso que quizás no teníamos tanto oxígeno y tanta adrenalina para resistirlo.

Súbitamente, estábamos balanceándonos en un contraste de imágenes y emociones. En San Petersburgo, con la Selección Nacional a un paso de la proeza, nos hundimos; en cambio, en Los Ángeles, al borde del abismo, Alexis Argüello logró una proyección victoriosa de última hora.

Ésa ha sido la mayor excitación de todos los tiempos provocada por nuestro deporte.

NOEL SIGUE GOLPEADO
A lo largo de 34 años, cada amanecer, el manager Noel Areas se despierta bruscamente llevándose su par de manos a la cabeza y gritando: ¡Oh, no!, viendo cómo el batazo de Jim Willis escapa al control de Gersán Jarquín con Barry Bonell y Ron Hassey en las esquinas, facilitando el empate 3-3, en el fondo del noveno con dos outs y Nicaragua necesitando ese fildeo limpio y buen tiro a primera para construir la hazaña.

“Lo perjudicó la grama artificial. Era un batazo de frente, aparentemente sin problemas, pero la bola se deslizó rápidamente debajo del guante de Gersán. Fue como si el piso se abriera de pronto”, me dice Noel, regresando a bordo de un tren bala a la emoción eriza-pelos de aquel momento.

“Con el juego empatado, ellos siguieron con otro hit impulsador y todo se terminó. No lo podíamos creer. Después de siete victorias sin perder, y un empate, igual que Estados Unidos, habíamos ganado 3-1 el primer juego con Porfirio, y Juárez había lucido tan inmenso como casi siempre, sujetando una ventaja de 3-2 con dos outs en el noveno”, explica.

FUERON DOS MOMENTOS
“Una base por bola al primer bateador estadounidense no me preocupó. Hombre, quién mejor que Juárez para resolver el problema. En el dogout consideramos que físicamente se encontraba fuerte para pensar en reemplazarlo. Sacó dos outs con elevados, y un batazo entre primera y segunda desorientó a Luis Fierro, quien lo buscó manoteándolo. Fue mala suerte, porque Fierro tenía a Baldizón asistiendo detrás de él y Juárez moviéndose hacia primera base para cubrir. Con hombres en primera y tercera, una bola bateada directamente hacia él no fue controlada por Gersán y el juego se empató. Luego, la estocada mortal”.

“Lo que más me duele es que cuando empatamos 6-6 con Estados Unidos días antes en un juego suspendido, fuimos víctimas de un mal fallo sobre robo de tercera con un out por parte de Bonard Luzey. El catcher Rick Cerone, quien jugó para los Yanquis más adelante, tiró a Ron Hassey en tercera y todos vimos a Luzey quieto, pero no el árbitro. Guillermo Baldizón siguió con doble, pero las bases estaban limpias. Ese día hubiéramos sido campeones invictos”, agrega el veterano timonel.

“PENSÉ EN PORFIRIO”

¿Fue descartado por completo traer un relevo por Juárez, en medio de las complicaciones que deben haberlo alterado?
“Yo pensé en Porfirio, aunque había lanzado el primer juego. El guajiro no hubiera vacilado en tomar la bola. Sin embargo, Julio lucía bien para sacar ese out”.

Nunca antes, y tampoco después, hemos estado tan cerca de ganar una Serie Mundial como en esa ocasión, y dos veces, en la serie regular y en el play off fabricado para decidir el banderín.

Casi campeones. El “casi” tiene su merecimiento, pero con el tiempo se va desvaneciendo. Se trata de ser o no ser; así te hayas quedado en la orilla con tantas posibilidades en mano.

Han pasado 34 años, y en cada amanecer Noel Areas actualiza aquel momento. “Vamos Gersán, es tuya esa bola”, y de inmediato “Oh, no”.