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A mediodía del domingo, en cierta pista de tenis, un señor madurito y raqueta en mano, taladraba el ‘smartphone’. Lanzó palabras de auxilio. “¿Sabría ayudarme a buscar en internet cómo ha quedado Federer en la final de Shanghai?”

Respuesta: “No hace falta: Federer ha ganado a Simon por 7-6 y 7-6”. Al hombre se le iluminaron los ojos: “Me da usted una alegría: es la primera vez que Federer gana ese trofeo, ¿no? Muchos pensamos que ya no nos queda nadie como él”.

“Esta es de esas victorias que pueden calificarse como ‘un sueño de victoria’, por el prestigio que supone este título… y por esa sensación que se tiene cuando pones las manos por primera vez en este trofeo. También me siento afortunado: aunque tenía mucha confianza antes de la final, admito la suerte que he tenido para ganar este título. No olvido que salvé cinco match points en la primera ronda de aquí (ante Mayer). Ahora aún necesito pensar y concentrarme en los dos grandes acontecimientos que aún me quedan para cerrar el año: la final de la Copa Davis, en Francia, y la Masters Cup, en Londres. Ambos son dos grandes objetivos”.

Qué historial

A los 33 años, a Roger Federer ya le adorna un halo místico casi de ‘experiencia religiosa’, como diría su ‘fan’, el suicidado escritor neoyorquino David Foster Wallace. El halo precede a los récords: 17 títulos de Grand Slam a través de 25 finales, diez de ellas seguidas. Roger amasa 81 títulos oficiales (este primero en Shanghai le ciñe su corona de Masters 1.000 número 23) a través de 14 años de carrera, lo que solo hizo Ivan Lendl. De estética y de apariencia impecables, Federer apenas suda. Esta carrera de oro ya rebasa los 60 millones de euros en ganancias… solo en torneos oficiales.

Imparable. Federer concretó ante Simon el 70% de primeros saques. Con ellos ganó el 78% de puntos jugados. Con experta mezcla de estrategias y reveses a una mano, el campeonísimo fracturó a Simon al tomar 17 puntos sobre 21 al fin del primer set. Entre los ‘Masters’ sólo Montecarlo y Roma le faltan a Roger. No es casualidad que ambos sean en tierra batida: el reino de su maldición, Rafa Nadal. A lomos de su halo, Roger Federer avanza. Pero, ¿puede ser el mejor jugador de todos los tiempos alguien que pierde 23 partidos de 33 ante ese Nadal, el castigo zurdo que el demonio le envió...?