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Un destrozo en Singapur de nombre Neymar Jr. En la nueva Brasil de Dunga, el atacante del Barsa es el epicentro de todo. En ocasiones eso puede resultar negativo, pues la excesiva dependencia nunca es recomendable. Pero, en partidos como el que enfrentó la ‘canarinha’ con Japón, resulta una bendición.

Con cuatro tantos, cada uno de una forma y de un color, la estrella brasileña descarriló al conjunto nipón (4-0), que todavía, es evidente, no ha captado el orden y equilibrio que Javier Aguirre imprime a todos sus equipos. Sin Kagawa en su once, el combinado asiático fue menos que una sombra, frágil en el repliegue e inofensivo en sus tentativas.

Estuvo brillante

Fue un repertorio de cualidades de lo que debe ser un delantero total: Neymar remató, dribló, asistió, se apoyó y defendió. Todo virtudes, ni el juego en ocasiones rudo de los japoneses le supuso impedimento. Ya avisó en el 16’ de sus intenciones con una falta ejecutada sin mácula, a la que solo la cruceta le impidió acabar en la red. Un minuto después se desquitó: Tardelli le asistió en profundidad, con un cambio de ritmo sentó al portero y empujó con suavidad a la red.

Ya en el segundo tiempo, el vendaval cobró unos cuantos nudos de fuerza. Desde la mediapunta, y con Brasil aprovechando el contragolpe que tan bien le sienta, Neymar completó su espectáculo con otros tres goles y una colección infinita de detalles. Con otro pase profundo, este de Coutinho, marcó el segundo. Y con espíritu de nueve puro llegaron el tercero y el cuarto: cazó un rechazo en el área tras un despeje defectuoso de Kawashima y cabeceó en el segundo palo un centro medido de Kaká, que, como ante Argentina, dejó minutos escasos pero de calidad.

Fueron muchos destellos de una noche en la que el brillo de Neymar cegó todo lo demás. A sus 22 años y 251 días, el límite es el cielo: ya ha marcado 40 goles con la ‘Seleçao’, rebasando a Bebeto en la lista de artilleros. Pelé (77), Ronaldo (62), Romario (55) y Zico (48) le esperan en el horizonte.