Edgard Tijerino
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“Trabajadores del mundo, uníos”. Me pregunto: ¿Qué habría pensado Marx de haber sido un seguidor de las Grandes Ligas viendo cómo ha crecido en forma desmesurada la espiral salarial? ¿Qué hubiera dicho de la huelga de 1994 viendo a tanto millonario reclamando mejoría? ¿Qué le hubiese sugerido a Alex Rodríguez en su fiera batalla con la Gerencia de los Yanquis?
El zurdo C.C. Sabathia quiere un contrato multianual próximo a los 20 millones de dólares por temporada; Manny Ramírez, rumbo a los 37 años, pretende firmar por cinco años a razón de 25 millones cada uno de ellos; A. J. Burnett también exige un factor de seguridad de cinco años y grandes cifras.

Cierto, las ganancias en el béisbol son exageradas y los peloteros han sido, son y seguirán siendo el ombligo del espectáculo, pero ¿tienen sentido tan elevados salarios, en ocasiones por hacer tan poco?
Cuando un pelotero firmado a largo plazo registra un comportamiento exitoso, se muestra molesto y solicita por lo menos una bonificación, como si no lo contrataron para eso, pero cuando se hunde y no funciona, o más grave aún, sale de circulación, no recomienda le hagan un recorte salarial.

Los “obreros” del béisbol son los mejor pagados del mundo. Nuestro máximo valor, Vicente Padilla, tiene un salario superior al de Ronaldinho en el Milán. Naturalmente, los dueños de equipo disfrutan de las ganancias. Equipos como los Yanquis y los Dodgers superan ampliamente los cuatro millones de aficionados con elevados precios de los boletos, los souvenirs y las comidas rápidas.

Con casi cinco dólares por hot dog y lo mismo por una gaseosa, ya pueden imaginarse lo que cuestan los nachos, las cervezas, las hamburguesas, los sadnwinchs y comidas fuertes. Una guía de prensa cuesta ahora hasta 20 dólares. Y pensar que los inicios de la década de los 70, no llegaba a 4 dólares. El parqueo más cercano no baja de 20 dólares, extendiéndose a 15 y 10 en otros sectores.

Los Yanquis van a inaugurar un estadio con costo de mil trescientos millones de dólares, mientras sus vecinos los Mets, abren otro de ochocientos millones. El Estadio de Munich, una joya de la Copa del Mundo, costó 400 millones de euros.

“Yo no voy a los eventos deportivos. Eso es muy caro para nosotros”, me decía un trabajador del aeropuerto de Miami a quien le presentaba mis documentos para ingresar, agregando, “mejor los veo por televisión”. Precisamente, es la TV la que facilita las gigantescas ganancias y decide los horarios.

Las taquillas y lo que producen los Estadios tienen un gran significado, pero el verdadero factor, como en todos los deportes, es la Televisión. Sin embargo, por la forma en que los dueños se están comportando, piensan cortar las alas de muchas pretensiones, sobre todo en la inseguridad de los contratos largos.

¿Quiénes son los explotados? Una medida justa sería la de contratos anuales. Todo futuro es impredecible, incluso el de Curt Schilling. Marx podría estar de acuerdo.