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Frente al espejo, Ricky Hatton debe estar viendo cómo progresa el proceso de cicatrización de su corte sobre la ceja derecha, provocado por esa corta pero afilada izquierda que trazó velozmente el versátil Mayweather en el tercer round, cuando la pelea echaba humo y el futuro inmediato se veía tan confuso.
Seguramente al mismo tiempo, está revisando su mandíbula, sus costillas y las imágenes de lo ocurrido en el ring del MGM, único sitio lo suficientemente grande en Las Vegas, para poder apretar tantas emociones encontradas en una noche súper agitada.
¿Quién no recuerda a Rocky Graziano, aquel peleador con alma de gladiador, tan rabioso como incontrolable, quien siempre despreció su integridad física en búsqueda de la victoria? Sus batallas con Tony Zale, estrujantes, sangrientas y dramáticas, pertenecen a la Enciclopedia de lo épico entre las cuerdas.
¡Cómo impresionó Hatton poniendo sobre Mayweather, la mayor presión que el mejor del mundo libra por libra, haya podido soportar! No había forma de recortar el ímpetu de Hatton. El inglés daba la impresión de no sentir las combinaciones de golpes de Floyd, ignoraba su corte, no le importaba cuántos golpes fallaba sosteniendo una frecuencia frenética, muy peligrosa por precipitarlo hacia el desgaste.
El gran problema de Hatton fue su falta de recursos para sacar provecho en la corta distancia, en el cuerpo a cuerpo. Pese a su ventaja de casi seis pulgadas en alcance, Mayweather lograba un mejor desarrollo de sus golpes cada vez que se achicaron los espacios.
Puede ser que Hatton no quería bajar sus brazos por temor a quedar expuesto frente a la rapidez para ejecutar de Mayweather, y consecuentemente, no pudo concentrar sus ataques en la zona baja, cuando lo tenía contra las sogas.
La insistencia de Hatton, aún sin variantes, era amenazante. Claro, mientras la pelea avanzaba su poder decrecia por esa falta de precisión frente a la flexibilidad de Floyd.
Perdió Hatton después de haber ido a fondo en todo instante mostrando un alarde de agallas que el boxeo tiene que agradecerle. No hay otro Mayweather en el escenario para llegar a neutralizarlo tan eficazmente.
Ojalá los golpes que recibió no hayan dañado mucho. Como una fotocopia de Rocky Graziano, el dinamismo, fortaleza y la imprudencia del audaz Hatton, le permiten garantizar un gran espectáculo en cada pelea.