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Ramón Flores, o “Moncho”, como se le conoce popularmente, vivió ayer uno de los momentos más emotivos de su carrera como beisbolista. Y no es para menos. Cuando la sombra de la muerte rondaba en el dogout de Nicaragua apareció el “superman” que dio vida a la tropa nacional con un jonrón de dos carreras en el octavo inning, que empató el partido 5x5 contra Panamá en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz.

Allí resucitó Nicaragua, un solo trancazo de Flores cambió los rostros de sus compañeros de incertidumbre y de tristezas, y los transformó en sonrisas y gritos; la euforia era inevitable. Al llegar al hotel Yes INN en México, después de un día cargado de emociones, las lágrimas empezaron a rodar por las mejillas del pelotero que dio vida a una Selección que estaba cerca del fracaso y que ahora está a las puertas de lo sublime, con la oportunidad de disputar una medalla.

“Es historia, hermano, es historia”, repetía constantemente Flores, al ser cuestionado sobre su sentir después del partido. Con su estilo auténtico de expresar las cosas, el artillero de los Gigantes de Rivas destapó sus emociones.

“No jodás, se me rodaron las lágrimas cuando llegué al hotel y mirar todas las felicitaciones. De todo el pueblo, carnal. No hay palabras para expresar esto, solo este maravilloso deporte te lo puede dar. Ver el dogout apagado y después mirar a mis compañeros brincar como locos gritando: ¡Viva Nicaragua! Eso no tiene precio”.

Poder divino

Antes de salir de la madriguera en busca de un batazo milagroso, Flores tuvo el tiempo de pensar en el país, en su familia, y hasta en las personas que no le desean lo mejor. “Pensé: voy a hacer un buen contacto, acá es donde mi nombre se escuchará más. Pensé en mi país, en mi familia y hasta en los envidiosos que están pendientes. Me dije: Tengo que consagrarme”.

“Sabía que si le daba bien a la bola podía sacarla por mi fortaleza. Ese poder divino estuvo a mi lado en cada segundo de ese turno. Vienen juegos importantes y ahí es donde me puedo crecer, pero este, sin duda, será inolvidable para cada nicaragüense que le corre el béisbol en la sangre, así que me recordarán por mucho tiempo, porque lo pegué en el momento, y eso es historia sin duda”, explicó el artillero, quien vivió uno de los días que probablemente nunca quiso que finalizara.

 

3 IMPARABLES en cinco turnos, dos anotadas, y dos impulsadas, fueron los números de Ramón Flores ayer contra Panamá.