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Con un equipo cosido con aprendices, España sucumbió ante un zapatazo final de Tony Kroos en lo que supuso su primera derrota como local en la etapa de Vicente del Bosque, tras 27 partidos.

Ante una Alemania también muy remendada por las bajas, la Roja compitió con más empeño que refinamiento y en uno de los contados remates de la noche acabó en la lona. Era el último suspiro del duelo y sobre el aguacero incesante de Balaídos solo se alistaban por entonces tres futbolistas que pasaron por Brasil: Azpilicueta, Albiol y Pedro. Una España de cambios que se busca y se busca, pero que desde su pesadilla mundialista no se encuentra ante los grandes, sean Francia o Alemania, por descontar a Eslovaquia, que no es de la clase alta. Lo mismo da que estas selecciones también estén de mudanza, con ambas ha perdido. En Vigo lo hizo tras un partido espeso, de poco recorrido y en el que al campeón del mundo le bastó con meter la pierna lo necesario y no perder el orden. El afán de los nuevos de Del Bosque, que dio la alternativa a Nolito, Camacho y Casilla, no fue suficiente. Fin de temporada para España, que cierra el año con incertidumbres.

Gran cierre

Un cero a cero suele ser dos bostezos. Algo de eso hubo en Vigo, bajo una lluvia perpetua, durante 89 minutos, hasta el tanto final de Kroos. A españoles y alemanes les faltó sutileza. Lo suyo fue un partido huesudo, algo de trámite para los más consolidados, un desconsuelo para los que quieren abrirse camino y pase de página en general. El futbol puede esperar, ayer no tocaba, ni siquiera porque en Balaídos estuvieran los dos últimos campeones del mundo.

Ataque asimétrico

Sorprendió Joachim Löw, que se chapó con tres centrales, dos laterales y cuatro centrocampistas. Todo un aviso, la noche no estaba para fiestas, bastaba con evitar un revolcón. Lo mismo sintió España, más propensa al papeleo intenso, al no fallar que a dar vuelo al partido. No hubo forma de que Isco enchufara el ataque, donde no hubo migas del debutante Nolito o de Raúl García, que ocuparon las bandas. Un dúo asimétrico: el primero esprinta, el segundo invade el área al paso. Alemania les cerró el paso y apenas aparecieron en alguna dirección, como tampoco Morata, un forastero en su primer partido como titular, demasiado a su bola.

Al hilo de Kroos, y salvo algún apunte de Götze, el equipo de Löw supo bloquear el partido, rebajar a Isco, que no fue el mismo de Huelva, pese a su actividad. Tuvo empeño para liderar el juego español y dejó muescas de su gran clase, pero esta vez al malagueño le faltó coro. La combativa España no tuvo finura. Como Kiko Casilla, tieso en el remate final de Kroos que tumbó a la experimental selección de Del Bosque. Alemania, por mucha rebaja, aún es Alemania. España aún no está para echar un pulso semejante con el segundo pelotón. El futuro tendrá que esperar.