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¡Cómo olvidar aquel torneo de béisbol realizado durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Medellín, 1978! El ruido del aluminio era enloquecedor en el béisbol de la Federación Internacional, todavía amateur. El parque, sorprendentemente era de juguete y parecía que la pared del left fielder estaba detrás de la tercera base. Los pítcheres se sintieron trabajando en el infierno y con sus brazos dentro de las brasas.

Estaba Cuba el súper-favorito con su tenebroso poderío y se tuvo que batallar con rivales tan complicados como Puerto Rico, Dominicana, Venezuela y el local Colombia, todos buscando la plata.

¿Alguno de ustedes podría creer que Cuba anotó 24 carreras y disparó 9 jonrones contra Puerto Rico, en un inning? No, no estoy bromeando. Eso ocurrió, y explica porqué los pítcheres trataban de esconderse, excepto el prospecto pinolero Julio Moya, quien estuvo grandioso.

Fue en ese evento que Ernesto López estableció dos marcas para la posteridad casera: tumbar las verjas 10 veces, disparando 4 en un juego aturdiendo el pitcheo colombiano. Pero el líder mata-pítcheres fue el antesalista de Cuba, Cheíto Rodríguez, con un total de 15 jonrones. ¿Se imaginan eso?

MOYA AGIGANTADO

Lo más sorprendente a lo largo de 12 juegos fue el brillante pitcheo del joven Julio Moya, quien saltó encima de los ases Porfirio y Lacayo. Con balance de 3-0 y un increíble 1.89 en eficacia, Moya fue el tirador más difícil de batear que se vio entre el desborde ofensivo provocado en Medellín.

Hay muchos duelos inolvidables entre Nicaragua y Cuba, pero ese que se perdió 11-14 luego de haber estado adelante en la pizarra 9-7 a la altura del octavo inning, quedó más grabado. En ese estadio en el que cualquier bombo era cuadrangular, los cubanos dispararon 59 en el torneo, haciendo palidecer a los Yanquis de 1927.

UN RECIO ATAQUE

David Green, de 18 años, que en casa había registrado .398 puntos, con 20 jonrones y 70 remolques, era el jardinero derecho, con Julio Cuarezma (.351) en el center y Ernesto López (42 cuadrangulares y 117 empujadas) en la banda izquierda.

La combinación de doble play la formaban César Jarquín y Víctor Filipini, con Roberto Espino (.368 y 78 impulsadas) en la tercera base y Calixto Vargas atravesando por un gran momento ofensivo (.376, 26 jonrones y 86 remolques) en primera. El receptor era Vicente López, quien había establecido la marca de .437 puntos conectando 34 cuadrangulares y empujando 91 carreras, en tanto el bateador designado Pablo Juárez (13 vuelacercas, 62 remolques y .349 puntos con 100 veces al bate menos que el promedio del resto de artilleros), estaba considerado como temible.

Douglas Moody, impulsador de 97 carreras, con 24 jonrones y .356 de porcentaje, era el hombre disponible para entrar a funcionar en los jardines o como designado. Wayne Taylor, Reynaldo Téllez y Sergio García completaban la confiable y útil reserva.

En la colina, el ganador de 19 juegos con solo 3 reveses, Porfirio Altamirano, blanqueador de Cuba en 1976 y de Estados Unidos en 1977, era el líder del staff, con el experimentado veterano Sergio Lacayo, ganador de 18 juegos, detrás. Había interés por ver en acción al joven Julio Moya (7-9 y 3.69), quien entusiasmaba a Tony Castaño y se contaba con Andrés Torres, Juan José Espinoza, Gustavo García y Denis Vallecillo. Siete brazos para doce juegos en Medellín. ¡Uhhh, muy poco!

El mánager fue Heberto Portobanco, con Oscar Larios y Rigo Mena como coachs, todos bajo la mirada de Tony Castaño, quien casi se regresa después del secuestro del autobús nica durante dos horas por parte de guerrilleros del M-19.

LA FURIA DEL “TIBURÓN”

El primer rival fue Aruba. El equipo nica, silbando, triunfó 7 por 2 con Altamirano recorriendo toda la ruta. A continuación, Andrés Torres abrió contra Colombia un partido que Nicaragua ganó 15 por 5, con Ernesto López conectando cuatro jonrones, agregados a uno de Green, otro de Vicente y el de Espino. Impresionó el cierre de Julio Moya cuando Colombia parecía estar entrando en erupción. Durante dos entradas y dos tercios no permitió hit ni carrera ni cedió base, adjudicándose la victoria. En la tercera batalla se derrotó a Puerto Rico por 7-2. En el inicio del noveno los nicas acabaron con el suspenso marcando cuatro carreras. Apunten otro jonrón de Ernesto y otro pitcheo nítido de Moya durante una entrada y un tercio. En cuatro entradas, nadie se le había embasado.

Contra Venezuela se ganaba 1-0 después de dos innings, cuando el bateo enemigo atacó al abridor Gustavo García con cuatro carreras en el tercero, y aprovechó el descontrol de Sergio Lacayo quien no pudo sacar out, para adelantarse 5-1. En el cierre Nicaragua empató a fuego de metralla y con una carrera en el séptimo tomó las riendas 6-5, alargando a cuatro su racha de victorias. Roberto Espino se voló la cerca, pero el factor clave fueron los seis ceros de Julio Moya, en un relevo largo logrando su segundo triunfo, con remate de Porfirio.

DE PRONTO APALEADOS

Cuba con Vinent y Nicaragua con Porfirio. Ahí estaba la revancha de Cartagena en 1976. Jonrones de Anglada, Cheíto, Marquetti y Casanova, golpearon a Porfirio. Cuba agregó otro de Antonio Muñoz frente a Juan José Espinoza en una derrota dolorosa por 12-0. Adiós invicto y, por supuesto, a curar heridas.

No importa quién lo hizo si uno encuentra quién lo paga. Nicaragua noqueó a Dominicana 13 por 2 con un jonrón de Ernesto López y pitcheo completo de Andrés Torres. Con ese balance de 5-1 era natural pensar en las medallas, posibilidad fortalecida al derrotar 8-0 a Aruba con sereno pitcheo de Juan José Espinoza y jonrones de Ernesto López, Pablo Juárez, Roberto Espino y César Jarquín.

El pitcheo de Porfirio frente a Colombia no fue lo suficientemente enérgico. Le fabricaron tres carreras en las primeras entradas, pero el ataque nica respondió en el mismo trayecto, tomando ventaja 7 por 3, para finalmente imponerse 11-7 con Julio Moya sacando el último out en una situación apretada. Roberto Espino conectó dos jonrones.

OTRA ZANCADILLA

Se necesitaba vencer a Puerto Rico pero nos estrellamos cayendo 7-4 víctimas del pitcheo de Rogelio Negrón y Milton Crespo. El brazo de Vallecillo estuvo vacilante y por fin fue permeable Julio Moya, quien admitió la última carrera. Jonrones de Ernesto López y Pablo Juárez no pudieron evitar el tropezón.

La octava victoria se logró contra Venezuela 9-5. La ventaja de 6-0 parecía que podía ser manejada por Andrés Torres, pero no fue así. Un asalto que produjo cinco carreras en el cierre del quinto explotó al derecho, siendo necesario un buen relevo de cuatro entradas por parte de Vallecillo y el último out garantizado por Porfirio. Por Nicaragua, Green y Filipini se volaron la cerca.

LA GRAN BATALLA

Perdimos con Cuba 14 por 11, bateando más hits que ellos, 14-12, con los abridores Sergio Lacayo y Baudilio Vinent estremecidos con 9 y 8 carreras a lo largo de siete y cuatro innings. Nicaragua se fue arriba 3-0 en el inicio y Cuba con dos ataques de tres carreras cada uno tomó el control 6-3; dos carreras pinoleras en el cuarto y cuatro en el quinto voltearon la pizarra 9-6 con Cuba agregando una en el cierre del sexto estrechando la diferencia 9-7. Una explosión antillana de siete carreras en el octavo, desequilibró el juego 14-9. Nicaragua cerró con dos anotaciones pero se quedó corta 14-11. Ernesto López y Pablo Juárez jonronearon por Nicaragua, en tanto Cheíto, Casanova, Muñoz y Medina lo hicieron por Cuba. Porfirio fue bateado en un tercio de inning permitiendo dos carreras.

Contra Dominicana, con la plata en el bolsillo, abrió Julio Moya, permitiendo 3 carreras en seis entradas y dos tercios. Nicaragua se impuso 10 por 3 con dos jonrones de Pablo, uno de Green y otro de Ernesto, dándole brillo a la medalla de plata. Fue el tercer triunfo de Moya sin derrota y con 1.89 aseguró el liderato en efectividad.

En Medellín durante 1978, el desempeño del beisbol pinolero fue excelente. El equipo funcionó demoledoramente al bate disparando 28 jonrones en los 12 juegos, contó con una defensiva sólida y un pitcheo que supo responder en momentos clave cuando se atravesaba por tempestades. Así se ganó esa medalla de plata.