Francisco Jarquín Soto
  •   Managua, Nicaragua  |
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Cuando se tiene el chance como lo tuvo Diriangén el domingo en la semifinal del torneo Apertura, de vencer a un equipo como el Estelí que, como pocas, muy pocas veces, se le veía frágil, sin posesión de balón y titubeantes en cada jugada que ofrecían los caciques en ataque, solo se debía hacer una cosa: rematarlo.

Diriangén hizo su mejor partido, quizá en años, pero el técnico Chanampe no supo administrarlo. Estelí tuvo un partido flojo, sin una zaga confiable, perdió la media cancha, la postura y hasta la gallardía de equipo campeón. De pronto perdió todo ese linaje que lo había convertido durante siete años consecutivos en el máximo referente del futbol nacional.

Los diriambinos llegaron con más soltura que nunca al área rival hasta para haber goleado a los rojiblancos, que con Elmer Mejía a su mínima expresión, la ausencia de Samuel Wilson y con solo Juan Barrera y Carlos Chavarría peleando con un equipo bien fajado desde la salida, parecían listos para sucumbir.

De pronto Estelí sorprendió, porque a los norteños no se les puede dejar respirar, y lo hicieron. Anotó Chavarría y un minuto más tarde José Ángel Carballo empató y luego Diriangén se puso al frente con el tanto de Luis Peralta.

Todo parecía bien hasta que Chanampe decide sacar a Eulises para meter a un contención, y entonces le da respiro a los norteños, que como desesperados buscaron casi todo el partido tratar de frenar al colombiano Jesús Guerrero. Casi todos los cambios de Otoniel Olivas se hicieron con ese objetivo, y como arte de magia, su rival le abre la pauta para reaccionar, cuando parecía que debía tratar de rematar a los mal heridos campeones. Empatan con Eduardo Praes, quien entre otras cosas hizo “reaccionar” a su portero Justo Lorente con un llamado de atención fuerte, y ahora Estelí, al que es difícil vencer en su casa, busca rematar su pase a la final.