Edgard Tijerino
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Regresando de Veracruz, se comprueba una vez más que no basta querer mejorar, hay que saber cómo hacerlo y conocer el camino. El llamativo esfuerzo pinolero en Veracruz produjo siete medallas, dos de plata, ninguna de oro. Es cierto que este evento ha perdido nivel de competencia, pero nuestro deporte cada vez tiene menos significado, lo que desnuda falsas expectativas y pone al descubierto que pese al apoyo financiero gubernamental, se carece de un plan de acción funcional, y se necesita aplicar urgentes y drásticas modificaciones respecto a las federaciones.

Recordemos que el 2017 se encuentra en la vuelta de la esquina con tanto por hacer. Esos juegos, estrictamente centroamericanos, son los más pequeños imaginables y de menor exigencia, consecuentemente, los que nos ofrecen mejores posibilidades de hacer algo, no de repercusión, pero sí ligeramente alentador respecto al futuro inmediato.

POR FAVOR MUESTREN AVANCES

Como periodista interesado en la evaluación de nuestro avance, permítanme colocar a un lado las siete medallas, que poco interesan, para enfocarme en los tiempos, las marcas y las actuaciones, que es lo esencial. ¿Qué importancia tiene ganar una medalla de oro en 100 metros registrando 11 segundos? Se imaginan eso. Una carrera de tortugas produciendo oro en velocidad pura. Algo burlesco.

Prefiero regresar sin medalla, pero con un tiempo récord de 10.4 segundos en los 100, tiempo jamás conseguido por un nicaragüense, o saltar dos metros en altura terminando cuarto o quinto lugar. Eso sería una señal de avance en nuestro deporte.

Me preocupa que nos dediquemos a contabilizar medallas sin el menor significado en la mayoría de los casos. Incluso la del beisbol merece ser sometida a serios análisis en referencia a los rivales que vamos a encontrar en Toronto 2015, posiblemente nada que ver con los vistos recientemente en Veracruz, como ya ha ocurrido.

A CORRER CONTRArRELOJ

Una de las escasas marcas derribadas en atletismo tenía 25 años de inmovilidad, no siendo de resistente terquedad, es decir meritoria. Resulta increíble que marcas pequeñas puedan sostenerse en nuestro discreto nivel hasta por 40 años. Ningún pesista pudo establecer marca casera en Veracruz. Hace un año en Costa Rica, el veterano Orlando Vásquez salió de un larguísimo y deteriorante retiro para ganar asombrosamente una medalla de plata en su categoría.

Eso decía mucho sobre lo que significa una medalla y una real mejoría en rendimiento, que debe ser lo que perseguimos como un salto hacia el progreso. Es obvio que el IND y el CON deben funcionar coherentemente multiplicando esfuerzos, exigiendo a las federaciones, para poder obtener esa mejoría corriendo contra el reloj.

Hay que apurarse. Es un plan que debió haber comenzado antes de ayer, como apunté al regresar de Costa Rica.