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Guarden los videos de aquel Barcelona que jugaba usando frac, con delicadeza y sutileza, exhibiendo una superioridad y un toque de distinción, merecedores de uno de los salones del Hotel Waldorf Astoria en Nueva York con la música de Frank Sinatra. Posiblemente no lo veremos más. El equipo azulgrana de hoy no usa frac, no necesita corbata ni lazo, se muestra despeinado a ratos, pero es batallador, sudoroso, vive resoplando todo el tiempo y es capaz de ganar a como sea, incluso a la brava, partidos claves como el de ayer frente al retador Paris Saint German.

TRES ASES DECIDEN

El marcador de 3-1 incluye sufrimientos permanentes, pérdidas de pelotas, rebotes contra una defensa mejor colocada, falta de control en el centro del campo y dependencia casi total de los chispazos individuales. Se adelantó el Saint Germain con la estocada zurda, muy limpia de Ibrahimovic en el minuto 15, silenciando el agitado Nou Camp, pero rápidamente empató Messi llegándole a una pelota en el área pequeña por la derecha a los 19, con Neymar estableciendo el 2-1 a los 42, rematando desde afuera, por la izquierda, con un trazado magistral, solo posible en una mesa de arquitectura. Finalmente, cuando la presión aguijoneaba al Barsa, el gol de Luis Suárez con pierna izquierda, culminando una maniobra vertiginosa entrando al área al estilo “viejo” y tomando un rechace provocado por remate de Neymar.

Aún con el marcador en contra 3-1, el Saint Germain no tiró la toalla y con el corazón entre los dientes, peleó y peleó, hasta que se le acabaron las baterías al sol y se vio forzado a sumergirse en la oscuridad, viendo al Barsa saltar a la cima.

AGITACIÓN CONSTANTE

Para Luis Enrique el partido fue un ajedrez enloquecedor. No contó con sus laterales Alves y Alba, en tanto el centro del campo no tuvo brújula pese al esfuerzo llamativo, aunque no lo necesariamente acertado de Iniesta. Agreguen que el empuje proporcionado por Mascherano no parecía ser lo suficientemente efectivo.

La llegada de pelotas a los botines de Messi, Neymar y Suárez, levantaba el voltaje del Barsa y mejoraba su funcionamiento, pero el Saint Germain, muy bien en las recuperaciones, regresaba a la carga una y otra vez, con la presencia de Ibra, las apariciones de Cavani y Lucas, y las incursiones a fondo de Matuidi. Eso garantizó un partido agitado, mejor ordenado con el ingresó a la trinchera de Pastore por el Saint Germain y Xavi por los azulgrana.

Un Barsa imprevisible por sus nuevas y hasta extrañas propuestas, nada que ver con el “académico” que manejó Pep, logró avanzar a los octavos como líder de grupo, con poco brillo.