• Managua, Nicaragua |
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Futbolista genial pero discutible como persona, por su forma de comportarse, a ratos inaccesible como ocurrió al aterrizar aquí la noche del miércoles pasado, Diego Armando Maradona es admirado, querido, justificado y hasta idolatrado, por encima de esa indiferencia hacia él mismo, consecuencia de considerarse más allá del bien y el mal. Muchos en Argentina y diferentes partes del planeta lo han llamado dios, y él parece creerlo.

Constantemente Diego se ha identificado como un hombre de izquierda. Puede que realmente lo sea, aunque eso está más allá de ser un amigo de Fidel, simpatizante de Chávez y abrazarse con Daniel. Sin embargo, el interés mayúsculo que siempre provoca, es por su trascendencia como futbolista retando a Pelé como el mejor de todos los tiempos.

MOMENTO DRAMÁTICO

Recuerdo en abril de 2004, cuando se informó que Maradona estaba en peligro de muerte. Fue una noticia estremecedora… A sus 43 años en aquel momento, el argentino estuvo conectado a un respirador artificial víctima de una infección pulmonar que le afectó el corazón. Para el mundo del futbol, imposible de abrazar, se paró la vida. De pronto, como diría el magistral Gabo, todos quedamos petrificados con los índices en los labios, sin respirar, necesitando como él, ayuda artificial. Pero sobrevivió y continuó.

El chavalo humilde de Villa Fiorito, el mismo que lloró cuando fue borrado de la lista de la Selección Nacional por Menotti antes de levantarse el telón del Mundial de 1978, se fue transformando en una celebridad y en una excitante aproximación a Pelé, desde el Mundial Juvenil de 1979. Su aterrizaje en el Barcelona lo colocó frente a la posibilidad de conquistar Europa y fue por un buen rato, la figura cumbre del futbol español.

SU CONSAGRACIÓN

En el Nápoles alcanzó una brillantez cegadora, sintiéndose como Julio César después de dominar las Galias. Su ejecutoria en el Mundial de 1986 ganado por Argentina con la dirección de Bilardo, un firme creyente, fue consagratoria. En ese momento, se instaló en la cima del futbol… Aquel gol con “la mano de Dios” y su asombrosa escaramuza dejando un reguero de cadáveres ingleses, mientras serpenteaba imparable en busca del arco, impulsado por una inspiración seductora a través de la magia, lo mostraron de cuerpo entero como un producto de la fantasía.

La vida de Maradona ha sido una devastadora carrera de obstáculos. Un genio para el futbol, pero de un sentido común cuadrado frente a la vida, dueño de una indiferencia casi irresponsable y una dañina pérdida de control, hasta el completo descarrilamiento. Por largos momentos, Diego ha parecido un pájaro fascinado por la serpiente.

(etm@doble-play.com)